A pocas horas de que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (CABA) a cargo de Horacio Rodríguez Larreta colocara un vallado perimetral en las inmediaciones de la casa de la vicepresidenta Cristina Kirchner, en el barrio de Recoleta, con el fin de evitar la concentración de manifestantes que realizaron cinco jornadas de vigilia en apoyo, ella salió a responder.
A través de una carta que publicó en sus redes sociales, el canal de comunicación que suele usar la exmandataria, recordó que no se colocaron vallas cuando las manifestaciones eran para insultarla o agredirla por militantes opositores y denunció que la policía de la CABA “cuidaba y garantizaba” que esos agravios se lleven adelante.
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“Hoy amanecí con la esquina de mi casa sitiada. Quieren prohibir las manifestaciones de amor y de apoyo absolutamente pacíficas y alegres”, sentenció Cristina Kirchner.
Por eso, la militancia se concentró en la zona y convocaron a la plaza ubicada en Juncal y Paraná, a pocos metros de la zona. “Para Cambiemos y Horacio Rodríguez Larreta no hay ningún problema en ir a insultar a Cristina a su casa, pero si es para apoyarla y acompañarla, lo impiden con vallas y policía. Siguen siendo los mismos autoritarios y provocadores de siempre”, sentenció el ministro Wado de Pedro.
En tanto, la periodista Rosario Ayerdi, informó un hecho de gravedad: “Mientras llegan manifestantes a Juncal, oficial de la Policía de Ciudad modula por handy dando novedades y en una de estas comunicaciones dice: ‘Está (Andrés) Larroque. No tiene fueros ni inmunidad diplomática’.”, en referencia a la polémica que se generó por la detención de un diputado provincial el lunes pasado.
La carta de Cristina Kirchner sobre el vallado de Horacio Rodríguez Larreta
El 9 de diciembre del 2015 cuando finalicé mi segundo mandato como Presidenta de la Nación y me dirigía a Juncal y Uruguay para pasar allí la noche y partir al día siguiente a mi casa en el sur, no pude hacerlo. La esquina había sido copada por militantes y simpatizantes macristas, muy violentos que me insultaban y amenazaban. Esa noche tuve que dormir en la casa de mi hija en el barrio porteño de Monserrat.
A partir de allí, la esquina de Juncal y Uruguay fue objeto de permanentes concentraciones de pequeños grupos de simpatizantes macristas con actitudes amenazantes y agresivas. Con parlantes y micrófonos amplificaban insultos, agravios y promesas de muerte.
En todos esos años, la policía del Sr. Larreta nunca intervino. Es más, cuidaban y garantizaban esas actitudes. Hemos llegado a ver, en el caso del Instituto Patria, a un policía de la Ciudad que confraternizaba con un energúmeno que me prometía la horca.
Hoy amanecí con la esquina de mi casa literalmente sitiada. Las vallas colocadas por el Sr. Larreta son algo más que impedir la libre circulación. Son algo más que sitiar a la Vicepresidenta de la Nación. Quieren prohibir las manifestaciones de amor y de apoyo absolutamente pacíficas y alegres, que tienen lugar ante la ya inocultable persecución del partido judicial.
La lógica del Sr. Larreta es la misma lógica del partido judicial. Para los macristas: cuidado y protección. Para los peronistas: vallas, infantería de la policía de la ciudad y hasta palos, gas lacrimógeno y gas pimienta como la noche del lunes. Lo dicho ese día por la noche: nunca fueron ni serán democráticos.
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