En el partido bonaerense de Lomas de Zamora, donde (como en todo el país) cada comercio pelea día a día por sostenerse, un hecho extremo acaba de demostrar hasta dónde puede escalar un conflicto cuando la competencia se vuelve obsesión. Un almacén de barrio fue incendiado de manera intencional el 11 de enero, aunque recién en las últimas horas trascendieron las imágenes, en donde se observa como otro comerciante de la zona, convencido de que eliminando a su rival podría “sacarle clientes” fue capaz de animarse a cometer ese delito.
El ataque ocurrió durante la madrugada de aquella jornada en el Barrio Odisa, cuando el local se encontraba cerrado. Las cámaras de seguridad de la cuadra registraron con claridad la secuencia. El agresor llegó caminando, rocía la entrada con combustible y enciende el fuego sin dudar. En pocos minutos, las llamas avanzan sobre el frente del negocio y destruyen gran parte de su interior.
Gracias al rápido aviso de vecinos y a la intervención de los Bomberos, el incendio no se propagó a viviendas linderas. No hubo heridos, pero las pérdidas materiales fueron totales. Mercadería, heladeras, estanterías y herramientas de trabajo quedaron reducidas a cenizas, junto con años de esfuerzo de la comerciante afectada.
Un conflicto que venía de antes
Según la investigación, el ataque no fue un hecho aislado ni producto de un impulso momentáneo. El agresor y la víctima compartían rubro y zona, separados por pocoa, distancia, y mantenían desde hacía tiempo una relación tensa.
Vecinos declararon que existían discusiones previas y reproches vinculados a la baja de ventas y a la competencia directa por la clientela del barrio.
En su testimonio, la dueña del local incendiado, de nombre Julieta, fue tajante al explicar el móvil del ataque: “lo hizo para quedarse con mis clientes”. Esa frase se convirtió en una de las claves del expediente judicial. Además resume una lógica peligrosa que está apareciendo con más frecuencia en este contexto de crisis económica.
“Al momento del incendio nadie se encontraba en el almacén. Ese día no abrimos porque festejé el cumpleaños de mi hija en San Vicente. Estoy convencida que el vecino hizo lo que hizo porque, en nuestro caso, somos todas mujeres las que vivimos ahí y no tenemos manera de defendernos”, explicó, dejando entrever que el motivo de la provocación del incendio fue por una cuestión de ego y competencia comercial.
“Esta persona también tiene almacén y, según rumores que nos llegaron, él dice que mi comercio le saca clientes. La realidad es que en la zona hay como 15 kioscos”, aclaró Julieta, que logró identificar al agresor gracias a las imágenes de distintas cámaras de seguridad que hay en la zona.
Las imágenes captadas por las cámaras resultaron determinantes. A partir de ese material, la Policía bonaerense logró identificar al responsable y detenerlo en pocas horas. El hombre quedó imputado por incendio intencional, un delito grave que prevé penas de prisión efectiva.

Más que un hecho policial
El incendio del almacén excede el impacto de una crónica policial, porque se constituye en emergente de la presión constante que enfrentan los pequeños comerciantes, asfixiados por la caída del consumo, el aumento de costos y una competencia cada vez más feroz por una clientela reducida.
En barrios del conurbano, los almacenes cumplen además una función social clave. Son espacios de cercanía, de confianza, donde todavía existe el fiado y el trato personalizado. Cuando uno de estos comercios desaparece, se pierde una fuente de trabajo pero también un punto de encuentro barrial.

Luego del incendio, vecinos de la zona comenzaron a organizar gestos solidarios para ayudar a la comerciante a recomenzar. Mientras tanto, el hecho dejó una pregunta incómoda flotando en el barrio: ¿hasta dónde puede llegar la desesperación cuando el sustento diario depende de unas pocas ventas?

