La industria textil atraviesa un fuerte deterioro productivo y laboral, en un escenario en el que las importaciones ganaron terreno hasta explicar cerca del 70% del abastecimiento del mercado argentino. El sector advierte por una “competencia fraudulenta” y reclama al Gobierno nacional que garantice condiciones comerciales equitativas.
El diagnóstico surge de un informe elaborado por la Fundación Pro Tejer y la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que puso el foco en el impacto de la política de apertura comercial impulsada durante la gestión de Javier Milei. Según el relevamiento, la producción textil cayó 24,4% en el primer semestre de 2026 frente al mismo período de 2025 y acumula una baja del 34% respecto de 2023.
La retracción también se refleja en el funcionamiento de las fábricas: la utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 39%. En otras palabras, seis de cada diez máquinas permanecen sin funcionar, mientras las empresas enfrentan una menor demanda interna y una creciente presencia de productos importados.
Las importaciones y el impacto sobre la cadena productiva
De acuerdo con Pro Tejer, históricamente el mercado interno se abastecía en partes iguales entre producción nacional e importaciones. Esa relación se modificó de manera significativa y actualmente las compras externas representan cerca del 70% del mercado.
Durante el primer semestre del año ingresaron al país 177.356 toneladas de productos textiles e indumentaria por un valor de US$911 millones. En términos interanuales, esto representó una caída del 20% en las cantidades y del 5% en los valores, aunque el comportamiento fue dispar según el tipo de producto.
La mayor contracción se registró en los primeros eslabones de la cadena productiva. Las importaciones de materias primas descendieron 33%, las de hilados 43%, las de tejidos planos 52% y las de tejidos de punto 34%. Para Pro Tejer, el retroceso constituye un reflejo de la menor actividad industrial y del exceso de oferta existente en el mercado local.
En cambio, los productos terminados mantienen niveles particularmente elevados. Las importaciones de indumentaria crecieron 62% en toneladas y 36% en dólares durante el período analizado. En el caso de las confecciones para el hogar, como sábanas y toallas, el incremento fue del 26% en volumen y del 7% en valor.
Alerta por la pérdida de empleo y empresas
El deterioro de la actividad también impactó sobre el empleo formal. Según los datos difundidos por FITA, el conjunto de los sectores textil, confección, cuero y calzado registró en mayo 93.952 puestos de trabajo formales. Fueron 1.229 empleos menos que en abril y 16.244 menos que un año atrás.
Si se toma como referencia diciembre de 2023, la pérdida acumulada asciende a 26.851 puestos registrados. La reducción también alcanzó al entramado empresarial: en mayo se contabilizaron 1.950 establecimientos dedicados principalmente a la actividad textil, 23 menos que el mes anterior y 175 menos que en mayo de 2025.
En la industria de la confección se registraron 2.354 establecimientos, con una caída mensual de 34 unidades y una reducción interanual de 340 empresas.
La denuncia por “competencia fraudulenta”
Frente a este panorama, FITA cuestionó las condiciones en las que se desarrolla la apertura comercial y definió como “competencia fraudulenta” al escenario generado por las actuales reglas de importación.
La entidad señaló que las rebajas impositivas y las medidas de desburocratización implementadas en los últimos años beneficiaron principalmente al ingreso de productos extranjeros, mientras que la producción nacional continúa afrontando una elevada carga tributaria, costos logísticos, dificultades de financiamiento y otras restricciones que afectan su competitividad.
A esto se suma, según FITA, la competencia de plataformas internacionales como Shein y Temu, que comercializan productos en el mercado argentino bajo un esquema que, de acuerdo con la federación, les permite ingresar mercadería sin afrontar los mismos costos arancelarios que soportan los productores locales.
Sin embargo, el reclamo del sector no apunta contra la apertura comercial en sí misma. La principal objeción está puesta en la subfacturación de las importaciones. FITA sostiene que más del 70% de los productos ingresa al país con valores considerablemente inferiores a los antecedentes registrados para esas mercaderías y que, en numerosos casos, los precios declarados ni siquiera alcanzarían a cubrir el costo de la principal materia prima.
Desde la federación remarcaron que la industria textil argentina históricamente pudo competir en el comercio exterior y plantearon que el problema actual está relacionado con las distorsiones en las condiciones de competencia.
Por ese motivo, FITA y Pro Tejer reclamaron al Gobierno nacional que haga cumplir la normativa vigente en materia de comercio exterior y que restablezca condiciones de competencia equitativas. El objetivo, sostienen, es evitar que la creciente participación de los productos importados continúe profundizando la caída de la producción, el cierre de establecimientos y la pérdida de puestos de trabajo en la industria textil argentina.

