La decisión del gobierno de Javier Milei de modificar el régimen de patentes de medicamentos abrió un nuevo frente de conflicto con la provincia de Buenos Aires y sectores vinculados a la salud, en medio de un clima ya tensionado por la salida de la Organización Mundial de la Salud.
La medida elimina un esquema vigente desde 2012 y redefine los criterios de evaluación de patentes, que ahora quedarán bajo análisis caso por caso del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial. Desde el Ejecutivo nacional sostienen que el cambio apunta a incentivar la innovación y facilitar la llegada de nuevos tratamientos al país.
El nuevo marco fue impulsado por los ministros Mario Lugones y Luis Caputo, junto con autoridades del organismo técnico, y plantea además un esquema transitorio para evitar que eventuales nuevas patentes afecten medicamentos que ya se encuentran en el mercado.
En defensa de la iniciativa, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aseguró que la normativa anterior dificultaba la obtención de patentes y retrasaba el acceso a terapias innovadoras. Según explicó, el nuevo sistema se alinea con estándares internacionales y busca fortalecer la seguridad jurídica para el desarrollo del sector farmacéutico.
Sin embargo, la respuesta desde la provincia de Buenos Aires no tardó en llegar. El ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, cuestionó con dureza la medida y la vinculó a intereses económicos concentrados.
“Nunca Sturzenegger anuncia algo a favor del pueblo. Siempre a favor de los empresarios, los monopolios extranjeros y sus amigos multimillonarios”, expresó el funcionario en redes sociales.
En esa línea, Kreplak advirtió que la desregulación podría permitir que las farmacéuticas introduzcan cambios mínimos en sus productos para extender las patentes y sostener precios elevados. “Esto rompe el sistema de salud de todo el país, encarece los tratamientos y pone en riesgo a obras sociales y prepagas”, señaló.
El cruce suma un nuevo capítulo a la disputa entre Nación y Provincia en materia sanitaria, donde ya se habían evidenciado diferencias tras la decisión de abandonar la OMS. En este caso, el eje del debate vuelve a centrarse en el equilibrio entre innovación, acceso a medicamentos y regulación del mercado.

