El escenario laboral en la Provincia de Buenos Aires y el resto del país atraviesa una metamorfosis regresiva que el discurso oficial intenta matizar con tecnicismos. Según el último informe del Centro de Economía Política Argentina —CEPA—, basado en datos del INDEC, la desocupación se ubicó en el 7,8% durante el primer trimestre de 2026, una cifra que, lejos de ser alentadora, consolida el deterioro iniciado en 2023.
Para la Provincia de Buenos Aires, el dato más sensible es el impacto en su entramado productivo. El informe advierte sobre una “duplicación de la población desocupada cuya última ocupación fue el sector de la industria manufacturera”, un fenómeno de expulsión neta de mano de obra que no se replica con tal magnitud en otros sectores de la economía.
Una de las claves del informe es la denuncia de una distorsión metodológica que beneficia el relato gubernamental. El CEPA sostiene que el crecimiento de las aplicaciones de delivery y movilidad funciona como un “efecto amortiguador del desempleo”. Al permitir un ingreso de emergencia, impiden que miles de trabajadores que perdieron su puesto formal transiten técnicamente a la categoría de desocupados.
Este fenómeno, definido como “autonomización ficticia”, esconde en realidad una “hipersubordinación algorítmica” donde el trabajador carece de derechos básicos. La precariedad es tal que “un 13% de los trabajadores de plataformas desempeña jornadas de entre 0 y 24 horas semanales”, lo que invisibiliza un desempleo latente bajo la figura de una ocupación marginal.
Menos industria, más “monotributo de supervivencia”
El informe desarticula la narrativa del presidente Javier Milei sobre la creación de empleo. Si bien el Gobierno exhibe un gráfico con 113 mil nuevos puestos, los datos de la Secretaría de Trabajo muestran que entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 “se perdieron 216.321 empleos privados registrados”, los cuales fueron reemplazados por el alta de 165.542 monotributistas.
Esta mutación no responde a una explosión emprendedora, sino a un “emprendedurismo de supervivencia” para suplir la caída de ingresos. “Los empleos perdidos son reemplazados parcialmente con actividades desprotegidas”, señala el documento, lo que confirma un “deterioro del mercado de trabajo y un empeoramiento de las condiciones de vida de la población”.
La calidad del trabajo en suelo bonaerense y nacional ha retrocedido a niveles críticos. La tasa de empleo no registrado escaló al 44,2%, el valor más alto de los últimos años, lo que implica que “más de cuatro de cada diez trabajadores ocupados se desempeñan en condiciones de informalidad”.
El diagnóstico final del CEPA es lapidario respecto al modelo económico: “En la era Milei, los únicos puestos de trabajo que se generan son informales”. Esta situación se traduce en una “presión sobre el mercado de trabajo” que ya alcanza al 30,7% de la población, sumando a desocupados, subocupados y empleados que buscan desesperadamente otro ingreso para llegar a fin de mes.

