Durante su exposición ante inversores y organismos de crédito en Washington, el Ministro de Economía, Luis Caputo, desplegó un relato que pareció diseñado para una especia de “Narnia”, es decir país que no es el mismo que habitan los argentinos.
Con una soltura que sorprendió incluso a sus interlocutores, el funcionario afirmó ante el auditorio que el Gobierno está “haciendo 9.000 kilómetros de rutas y planeando 12.000 kilómetros adicionales”, una cifra que suena a ciencia ficción, especialmente en las provincias, donde la obra pública nacional permanece paralizada bajo llave, y las máquinas viales (las que quedan) acumulan óxido al costado de las calzadas desde hace meses.
Esta distorsión entre los anuncios altisonantes en el extranjero y la realidad que el ciudadano medio ve día a día es el eje de una estrategia que busca vender como gestión lo que, por ahora, son solo carpetas administrativas.
Caputo insistió en que su equipo está “licitando los ferrocarriles y los puertos”, asegurando además que “estamos solo a mediados de abril y ya existe la percepción de que Argentina se ha diversificado”.
Según su visión, el modelo previo se basaba en “obras públicas realizadas por el sector público, marcado con mucha corrupción”, omitiendo que, en los hechos, lo que hoy se percibe es un retiro del Estado que deja el sistema de transporte en un limbo operativo mientras se aguarda por inversiones privadas que no llegan.
El asfalto que no está
La brecha entre el discurso y la banquina se profundiza al analizar el financiamiento real. Mientras el Ministro se jacta de una transformación histórica y sostiene que “no vamos a desviarnos ni un centímetro de este rumbo”, la realidad muestra que buena parte de esos kilómetros mencionados son proyectos heredados o planes sin financiamiento asegurado.
El modelo de concesiones viales que defiende el Palacio de Hacienda supone que la red federal se arreglará sola mediante el cobro de peajes, pero hoy los baches son más reales que los pliegos de licitación.
En ese sentido, destacó que están “reduciendo los impuestos y mejorando la logística”, una afirmación que choca de frente con una presión fiscal que se mantiene asfixiante en tributos clave para sostener el ajuste.
Trenes en la nebulosa
El horizonte ferroviario corrió la misma suerte en el discurso oficial para exportación. La promesa de una red moderna en manos privadas suena atractiva en los pasillos del Banco Mundial, donde Caputo enfatizó que “Argentina será el país con mejor desempeño en los próximos 30 años”.
Sin embargo, esta profecía carece de correlato en las estaciones locales, donde no existen adjudicaciones masivas ni cambios visibles en el sistema. Para el ministro, el éxito parece medirse exclusivamente en la aprobación de los mercados internacionales, aunque para el trabajador que espera un transporte que no llega, su sentencia de que “contamos con prácticamente todo lo que el mundo necesita hoy” no sea más que una narrativa “optimista” que exagera peligrosamente el grado de avance real de las políticas públicas.


