El triunfo de Manuel Adorni en las elecciones legislativas porteñas, como candidato de La Libertad Avanza, no solo generó euforia en los mercados financieros. También desató algo más profundo, más inquietante y más revelador: la explicitación de un deseo, o mejor dicho, una directiva. Esta vez no provino de un dirigente político local ni de un actor del sistema institucional argentino, sino del mismísimo JP Morgan, uno de los bancos de inversión estadounidense más poderosos del planeta.
En un informe que analizó el escenario postelectoral porteño, el JP Morgan sostuvo sin rodeos que “se alcanzará un pacto, probablemente con figuras provinciales influyentes del PRO (no necesariamente el PRO nacional), dándole impulso a La Libertad Avanza de cara a octubre y minimizando la incertidumbre del mercado”.
Así, con total soltura, una corporación financiera extranjera se permite sugerir cómo debería configurarse el mapa político de la provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado, complejo y económicamente determinante del país.
Bloomberg lo publicó sin tapujos
No es la primera vez que el capital financiero internacional intenta orientar las políticas económicas nacionales. Pero sí es, quizás, una de las primeras ocasiones en las que dicha orientación excede lo económico y se mete directamente en la ingeniería política local bonaerense.
Ya no se trata sólo de influir en las medidas macroeconómicas, ni de condicionar con tasas o con desembolsos del FMI. Ahora también se opina —y se impulsa— la conformación de alianzas electorales.
Esta intromisión alcanza niveles de obscenidad política. Lo que antes se podía intuir en reuniones a puertas cerradas o en conversaciones off the record, ahora se dice con nombre y apellido, con la firma de un banco que representa los intereses del poder financiero global.
En este caso, sobre los destinos de la provincia de Buenos Aires y, por ende, sobre la vida de millones de bonaerenses, desde un vecino de La Plata hasta una docente de Bahía Blanca, pasando por un comerciante en Mar del Plata o una madre en La Matanza.
Voto bonaerense y mercado global
Lo que JP Morgan busca es claro: una alianza entre La Libertad Avanza y sectores del PRO para asegurar un resultado “favorable al mercado”, como ellos mismos lo escriben. Es decir, para que no gane el peronismo, ese fantasma que aún los desvela.
No lo disimulan. De hecho, el propio informe señala que “un acuerdo podría ayudar a mitigar la posible volatilidad del mercado de divisas en julio y aumentar las posibilidades de un resultado favorable al mercado en septiembre”.
Este tipo de declaraciones dejan en evidencia que el verdadero objetivo no es el bienestar del pueblo de la Provincia de Buenos Aires, ni mucho menos el fortalecimiento democrático. El interés es otro: garantizar que el poder económico siga sin sobresaltos, que el ajuste continúe, que la lógica del capital especulativo siga marcando la agenda, incluso si para eso hace falta sugerir —desde una oficina en Wall Street— cómo deben reacomodarse los actores políticos en la provincia de Buenos Aires.
Wall Street entra en campaña
Resulta insoslayable remarcar la gravedad institucional de este gesto. Cuando una banca extranjera se permite hacer recomendaciones públicas sobre cómo debe organizarse el tablero electoral en un distrito clave de un país soberano, ya no estamos ante una simple opinión técnica: estamos frente a una intromisión.
Y no cualquier intromisión. Una que pone en juego la autonomía política, la soberanía democrática y el derecho de los ciudadanos bonaerenses a decidir su destino sin interferencias externas. Lo pornográfico ya no es la desigualdad, sino la desvergüenza.