Había un audio en el celular de Mauricio Novelli que lo decía todo. Según reveló Jonatan Viale en TN, luego de cerrar lo que él mismo llamó un “deal tremendo” con el entorno presidencial (el acuerdo que terminaría siendo la criptoestafa más escandalosa de la historia reciente) Novelli le escribió a sus amigos para organizar la “celebración”.
El boliche, el champagne, y también, según surge del material del peritaje que Viale mostró en pantalla, la contratación de prostitutas para festejar el negocio del siglo.
El escándalo duró lo que dura un zapping. Porque lo verdaderamente escandaloso no es lo que Novelli hacía en su vida privada. Lo escandaloso es que Viale se escandalice.
El “deal tremendo” y lo que vino después
La tarde del 30 de enero de 2025, al salir de la Casa Rosada luego de una reunión que incluía a Hayden Davis, Novelli le escribió a su amigo Fran Brizzio: “Cerré deal tremendo. Quiero festejar.”
Le preguntó si Afrika, el boliche de Recoleta, estaba abierto. No lo estaba, así que terminaron cenando en el exclusivo Roldán, frente a los bosques de Palermo.
15 días después, la billetera vinculada a Davis había realizado una transferencia de casi medio millón de dólares, y al terminar, se activaron otras operaciones similares. La plata ya estaba corriendo. Novelli lo sabía de antemano. Por eso quería festejar, y festejar en grande.
Esa misma tarde consultó precios de un BMW M40i de 100 mil dólares, buscó Rolex que pensaba pagar “cash, obviamente”, y pidió presupuestos por lotes y departamentos en barrios privados de zona norte, todos en valores millonarios.
La vida de Novelli, como él mismo imaginaba, estaba por cambiar.
La entrevista pactada
Días después de consumado el ilícito, con el escándalo de $LIBRA ya desatado, el Presidente necesitaba una salida. Y Viale se la dio.
Según surge de los peritajes, Novelli intercambió mensajes con Milei en la previa de esa entrevista en TN. Ambos discutieron qué responder y qué callar ante el periodista. En ese intercambio se mencionan posibles respuestas y temas que el mandatario podría abordar o evitar durante la entrevista.
Y como si eso fuera poco, durante la grabación, el asesor Santiago Caputo irrumpió en el set, se acercó al oído de Milei y corrigió una respuesta. Fue un momento recordado, entre otras cosas, por la llamativa normalidad con la que reaccionó el propio Viale ante lo insólito de la situación.
En esa misma entrevista, Milei dijo sobre Novelli: “A Novelli lo conozco desde hace muchos años. Yo daba clases en su academia. Él fue el que armó la reunión tecnológica.” Lo conocía, lo frecuentaba, coordinaba con él. Pero en la entrevista de Viale, eso quedó en un costado.
La indignación tardía
Ahora Viale muestra en pantalla los audios de Novelli celebrando un negocio turbio con prostitutas y se pregunta cómo semejantes personajes entraban a la Casa Rosada.
La pregunta es legítima.
El problema es quién hace ese cuestionamiento.
Novelli estuvo al menos siete veces en la Casa Rosada y una en Olivos, participando en reuniones con los principales acusados de la estafa. Fue autorizado en seis oportunidades por Karina Milei desde enero de 2024.
No era un intruso. Era alguien que el propio entorno presidencial dejaba pasar, recibía y coordinaba.
Y Viale lo sabía, o podría haberlo sabido, si en lugar de preparar una entrevista de blindaje hubiera hecho periodismo.
El problema no es Novelli
El audio del festejo está lleno de frivolidad, según “los valores morales” de Viale… es repugnante. Un hombre que acaba de coordinar una estafa que arruinó a miles de pequeños inversores en todo el mundo planea cómo gastar el dinero mal habido, incluyendo sexo pago como parte del botín.
Es una imagen que condensa perfectamente el espíritu de toda la trama. Pero lejos está de ser lo “mas grave de todo”.
Porque el escándalo que merece atención no es el comportamiento privado de Novelli. Es el sistema que lo hizo posible: un presidente que coordinó con él antes de publicar el tuit que disparó la estafa, una secretaria general que autorizó sus ingresos a la Casa Rosada, un asesor que interrumpió una entrevista periodística para corregirla en tiempo real, y un conductor de televisión que en el momento más crítico le tendió al poder una alfombra en lugar de una pregunta incómoda.
Viale puede indignarse hoy. Tiene todo el derecho. Pero, por favor, que no se indigne de que la olla estuviera llena de podredumbre cuando él mismo fue quien ayudó a ponerle la tapa.

