La propuesta del presidente Javier Milei de otorgar personería jurídica a “corporaciones no humanas”, expresada en una columna que firmó en el Financial Times, encendió las alarmas de referentes mundiales. Desde el pensamiento histórico de Yuval Noah Harari hasta la doctrina social del Papa León XIV y el activismo soberanista del Manifiesto de La Plata, surge una advertencia casi coral: Argentina corre el riesgo de dejar de ser una nación soberana para convertirse en un territorio colonizado, no ya por entes abstractos, sino por los “dueños de los robots”.
Yuval Noah Harari -historiador y escritor israelí, mundialmente conocido por ser el autor de Sapiens, donde analiza la historia y el futuro de la humanidad a la luz del avance de la IA- respondió de forma directa al planteo de Milei publicado en el Financial Times. El historiador cuestiona la “audacia” de crear corporaciones donde “los accionistas humanos pueden participar, pero no son necesarios”. Para el autor, esto abre una “llave maestra” que otorga a las IA acceso total a los sistemas financieros y políticos, convirtiéndolas en “maestras de los vacíos legales y del arbitraje regulatorio”.
La advertencia más severa de Harari radica en la imposibilidad de controlar legalmente a estos entes: “la sanción definitiva que disuade a ejecutivos y empleados humanos —la cárcel— es irrelevante para las IA”. Sin el freno del miedo a la prisión, una IA enfrentada a la quiebra —su equivalente a la muerte— “estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para evitar ese destino”.
Harari le advierte a Milei que, si bien busca que Buenos Aires sea una “nueva Ámsterdam”, pero “corre el riesgo, en cambio, de convertirla en una nueva Batavia”. Bajo este esquema, Argentina deviene en un “Estado de IA; un país cuyos habitantes podrían, en la práctica, ser gobernados por corporaciones no humanas”.
El paradigma tecnocrático: La mirada de León XIV
Indirectamente, pero con igual contundencia, el Papa León XIV advierte en su encíclica Magnifica Humanitas sobre el avance de un “paradigma tecnocrático” donde la lógica de la eficiencia y el lucro gobierna las decisiones. El Pontífice señala que hoy los motores del desarrollo no son los estados, sino “actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos”. Este poder tiene un rostro “predominantemente ‘privado’, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”.
León XIV utiliza la imagen bíblica de la “Torre de Babel” para describir proyectos que eligen la homogeneización sobre la comunión, sacrificando la “dignidad de las personas en aras de la eficiencia”. Frente a una IA que puede “dividir, descartar y generar nuevas injusticias”, el Papa hace un llamado a “desarmar la IA”. Esto significa “sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable”, rompiendo la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar.
Soberanía o Colonialismo de Datos: la política (casi) no habla de esto
Hay que decir que la política argentina no toca ni de lejos alguno de estos temas que preocupan al mundo. Las excepciones son contadas. Los autores Jerónimo Guerrero Iraola, Carolina Atencio y Agustina González Ceuninck acaban de publicar un texto esclarecededor al respecto.
Desde una perspectiva situada en el Sur Global, el Manifiesto por una IA Soberana y Humanista del CEG La Plata refuerza este planteo al denunciar un nuevo “colonialismo de datos”. Los autores advierten que la IA no es inmaterial, sino que depende de una infraestructura física: “servidores apilados, sistemas de refrigeración a base de agua… y chips fabricados con minerales que se extraen de la tierra a costa de paisajes y de cuerpos”.
El Manifiesto discute directamente con visiones como la de Alex Karp, que promueven la “fusión sin frenos entre élite tecnológica, mercado y poder estatal”. Para los analistas platenses, Argentina corre el riesgo de ocupar el extremo débil de la cadena: “extracción en la periferia, procesamiento en el centro, dependencia tecnológica naturalizada”. Denuncian que, sin soberanía, los recursos como el litio y el agua dulce solo sirven para alimentar la renta de un puñado de megaempresarios que “no rinden cuentas a ningún electorado… y acumulan poder político que excede el de muchos gobiernos elegidos”.
De Batavia a Babel
La síntesis de estas visiones sugiere que el camino que eligió el Ejecutivo nacional lleva a una deshumanización del Estado que puede quedar maniatado mientras entrega los recursos estratégicos, naturales y humanos de la Argentina.
Así, el experimento libertario puede terminar en una Babel moderna, en los términos que plantea el Papa León: un producto de ese proyecto de eficiencia absoluta basado en la “idolatría del lucro”, que reduce el misterio de la persona a meros “datos y rendimientos”, provocando una dispersión social donde los seres humanos ya no se comprenden.
También es posible que el final se parezca al de la “nueva Batavia” de Harari: el destino de un “Estado-empresa” administrado por una entidad privada para beneficio de sus accionistas y no de su pueblo. En este escenario, Argentina dejaría de ser una comunidad política para convertirse en una sede corporativa gobernada por algoritmos inmunes a la ley.

