La postal de las familias argentinas recorriendo las góndolas con carros rebosantes para “ganarle a la inflación” parece haber quedado en el baúl de los recuerdos. El vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Salvador Femenia en diálogo con “Palabras más, palabras menos”, programa de La Cielo FM 103.5 habló sobre los recientes datos relevados.
El país atraviesa una “caída sistemática del consumo” que ya suma “11 meses de caída consecutivos”; advierte Femenia que la preocupación es total porque todavía “no vemos que se den las condiciones para un repunte”.
El fenómeno no es solo una cuestión de porcentajes, sino un cambio radical en la forma de subsistir. La vieja práctica del acopio, donde la gente se apuraba a comprar apenas cobraba para “sacarse los pesos de encima”, ha muerto. Hoy, la realidad es el “día a día”, según Femenía, “hoy la gente compra el día, compra segundas y terceras marcas”, pero incluso ese esfuerzo tiene un límite temporal muy marcado “a lo largo del mes al día 15 o con mucha suerte el día 20 ya se está notando fuertemente la merma de consumo”.
La clase media, entre las tarifas y la góndola
El diagnóstico de la CAME destaca que el “gran problema acá es la caída del ingreso”, un factor que golpea con especial dureza a sectores que antes lograban mantener cierto margen de maniobra. La “clase media también de alguna forma se ve afectada”, explica Femenía, señalando un combo letal porque a la baja de salarios se le suma “el aumento de las tarifas”, lo que deja un excedente para consumir “más escaso” tras pagar los gastos fijos obligatorios.
Esta asfixia se traslada directamente a los comercios de cercanía, que son el termómetro que mide la entidad. Mientras que rubros esenciales como alimentos y calzado tuvieron una caída “más atenuada por efecto del inicio del ciclo lectivo”, otros sectores como bazar, textiles del hogar y perfumería sufrieron derrumbes de “entre 8 y 9%”.
El comerciante entre la espada y la pared
Para el dueño del local de barrio, el panorama no es más alentador. El incremento de los costos operativos, especialmente los servicios, no puede trasladarse libremente a las etiquetas. Femenía detalla que el comerciante enfrenta una “menor rentabilidad” y la “imposibilidad de trasladar eso al precio final”. La razón es simple pero contundente: si suben los precios por encima de lo que el bolsillo aguanta, “el consumidor no legitima ese precio” y la venta directamente desaparece.
Sin señales claras de una recuperación en el corto plazo, el comercio minorista se prepara para seguir resistiendo en un escenario donde el consumo parece tener fecha de vencimiento cada mes: el día 15.

