La semana comenzó con complicaciones recurrentes para los automovilistas platenses. La provisión de Gas Natural Comprimido (GNC) registra demoras por la falta de suministro en puntos clave de La Plata. El lunes por la mañana, varios conductores se toparon con persianas bajas y mangueras inactivas. En la estación Puma de 13 y 530 el establecimiento estuvo totalmente cerrado al público, mientras que en la de 7 y 512 las mangueras de GNC permanecieron fuera de servicio, impidiendo el reabastecimiento habitual.
La distribuidora Camuzzi no emitió comunicados oficiales que clarifiquen los motivos de los cortes o precisen un plazo de normalización. El silencio incrementa la preocupación de los usuarios en días donde las bajas temperaturas disparan el consumo de calefacción. En episodios previos, el aumento de la demanda residencial provocó desvíos en el flujo de gas, afectando a estaciones de servicio con contratos interrumpibles.
Este martes sumó más incertidumbre en las calles. En La Cielo 103.5 FM, el móvil comandado por Nicolás Chillón y Gustavo “Toti” Pérez, transmitió en vivo desde una de las pocas bocas de expendio abiertas para registrar el drama especialmente de los trabajadores del volante.
Mangueras cruzadas y desconcierto
El cronista se ubicó en la clásica estación Puma de la avenida 122 y 46, un punto que se convirtió en un termómetro de este invierno marcado por las restricciones de gas. Allí la situación presentaba una tensa calma, pero con un dato sumamente preocupante: el establecimiento contaba únicamente con un cupo de 1000 metros cúbicos de GNC para despachar.
Según relataron los playeros consultados previamente, resultaba llamativo que a esa hora todavía hubiera suministro, ya que habitualmente el servicio solía cortarse cerca de las 8 de la mañana. La fila de vehículos se extendía por una cuadra, una cola menos extensa frente a los colapsos previos, aunque el combustible remanente se agota rápido.
En esa fila, el descontento de los automovilistas, y en particular choferes, se hizo sentir. El móvil de La Cielo dialogó con un remisero con quince años de experiencia en la actividad, quien no ocultó su indignación ante la reiteración de estas medidas. “Horrible. Aparte siempre en este lugar. La Plata, Berisso, Ensenada”, lamentó con fastidio el conductor al ser consultado sobre la jornada. Para él, el problema excede lo climático: “Alguien se beneficia con esto, porque lleva más de 15 años. No puede ser que dure tanto tiempo esto”.
El remisero detalló que para poder cumplir con su jornada debe resignar horas de ingresos. “Hago cola una hora por ahí. Anoche cargué en Berisso y ahora acá”, relató, explicando que debió pasar casi 50 minutos esperando. Aunque hoy la fila estaba más distribuida por la apertura de otras bocas de expendio, advirtió sobre el impacto en su bolsillo: “Y esto se está poniendo… como que te puedo decir… crónico. Ya tenés una hora menos de trabajo”.
El laberinto de la desidia
La odisea de recorrer la región en busca de gas no discrimina modalidades de transporte. Un chofer de aplicación que aguardaba su turno describió el panorama general como “complicado, la verdad. Muy complicado”. El conductor, que llevaba apenas diez minutos en la fila, señaló que la suerte de los automovilistas depende de la solidaridad entre colegas: “Estoy en grupo de WhatsApp y te vas enterando, pero el que no tiene grupo de WhatsApp se puede encontrar cualquier cosa”.
La falta de información e improvisación diaria están haciendo mella en la salud mental de quienes dependen del vehículo para subsistir. “La gente está traumada. La verdad que está traumada”, sentenció con crudeza ante los micrófonos de La Cielo.
El trabajador remarcó que, a diferencia de otras oportunidades donde las bajas temperaturas justificaban el desvío del recurso, hoy el clima es más templado. Sin embargo, la desidia sigue intacta: “Nadie sale tampoco a hacerse responsable, tiran la pelota a Camuzzi. Tampoco o sea, los que nos representan, tampoco dicen nada, pero hay gente que no puede ni siquiera trabajar, no puede ni comer porque deja los autos tirados porque no puede cargar gas”.
La postal de La Plata refleja una crisis dramática. “Ves autos enganchados para llevarlos a cargar gas. Una locura”, concluyó el entrevistado. Mientras la fila avanzaba lentamente para agotar el cupo disponible, la incertidumbre persistía entre los conductores.
Sin respuestas de Camuzzi ni de las autoridades, los trabajadores del transporte a gas, inician cada jornada sin saber si podrán trabajar, rehenes de un esquema que parece no tener fin.


