El punto de partida estuvo signado por el frío extremo de Las Cuevas, en la frontera mendocina y a los pies del imponente Aconcagua. Sin embargo, la brújula interna de esta travesía apunta directo al sur del conurbano: el destino final de esta hazaña es Berazategui, el hogar de Facundo Pomponio.
Allí, donde nació, vive y trabaja como maestro pizzero, este atleta bonaerense busca completar los 1.300 kilómetros del desafío ARG1300. La ruta une la inmensidad cordillerana con las calles de su distrito natal, atravesando Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y la provincia de Buenos Aires. En su tramo final, tras hacer escala en el Obelisco porteño, Pomponio culminará la marcha en Berazategui, cerrando el círculo de un proyecto que combina el alto rendimiento con una profunda impronta territorial.
Zancadas contra la desnutrición infantil
Con dos décadas de trayectoria en el running, Pomponio asume este cruce federal como el reto más importante de su vida, impulsado por una causa concreta: recaudar 20 millones de pesos para la Fundación Patapila en su lucha contra la desnutrición infantil, además de gestionar entregas de calzado para chicos y apoyo logístico para familias vulnerables a lo largo del trayecto.
Estrategia, mente y mística en la ruta
El desgaste físico y mental de avanzar entre 50 y 60 kilómetros por día exige un rigor absoluto. Aunque cuenta con el respaldo de un equipo de asistencia que lo acompaña en la ruta con nutrición, masajes y logística, la templanza bonaerense marca la pauta de su ritmo.
El regreso al pago con huella comunitaria
A medida que se acerca a territorio bonaerense, el aliento de los vecinos y el acompañamiento en el camino transforman cada etapa en un esfuerzo colectivo. Del techo de América a las calles de Berazategui, Facundo Pomponio demuestra que la resistencia atlética cobra un sentido completo cuando el destino final es volver al propio pago dejando una huella solidaria.


