La tranquilidad de otra jornada de verano se quebró en el partido bonaerense de Ezeiza cuando personal de Gendarmería Nacional detectó una situación que pudo haber terminado en una catástrofe. Sobre un gasoducto de Metrogas, identificado por su cañería amarilla y que transporta gas a alta presión, fueron encontradas dos granadas de mano junto a líquido inflamable.
El descubrimiento fue realizado por dos gendarmes que se encontraban realizando actividad física en la zona. Al advertir la presencia de los explosivos, también observaron a dos hombres que escaparon del lugar y, en plena huida, habrían efectuado disparos contra los efectivos. A pesar de ese ataque, los sospechosos lograron darse a la fuga y, hasta el momento, no hay personas detenidas ni identificadas en el expediente.
El episodio derivó en un amplio despliegue de seguridad que incluyó la intervención de brigadas científicas, Bomberos de la Policía Federal Argentina, la División Explosivos de la PFA, Policía Científica y efectivos de la Policía bonaerense, quienes trabajaron para asegurar el área y descartar riesgos mayores.
Secta en el Senado bonaerense: qué decisión tomó la Justicia y cómo avanza la causa
La causa quedó radicada en el Juzgado Federal N°2 de Lomas de Zamora, a cargo del juez Luis Armella. Desde allí se intenta reconstruir lo sucedido y establecer si el hecho responde a un intento de sabotaje con algún tipo de planificación previa o si se trató de un episodio delictivo aislado.
Fuentes vinculadas a la investigación advirtieron que, de haber detonado las granadas en contacto con el material inflamable, el resultado podría haber sido devastador, con riesgo de una explosión de gran magnitud y un incendio de rápida expansión. Mientras tanto, el caso sigue envuelto en incógnitas y con una preocupación central: quiénes estuvieron detrás de un ataque que pudo haber causado una tragedia de enormes proporciones.

