Un hombre de 42 años es buscado intensamente luego de matar de un tiro en la cabeza a un compañero de trabajo tras una discusión en una peluquería ubicada en el barrio porteño de Recoleta, informaron fuentes policiales. El brutal crimen quedó filmado por las cámaras de seguridad y ese material es clave para esclarecer el caso, aunque por ahora el homicida se encuentra con paradero desconocido.
Todo sucedió este miércoles en una peluquería situada en la calle Berutti al 3300 cuando se observa a cinco empleados hablando y todo parece indicar que comenzó una discusión.
En medio del intercambio verbal un hombre de 42 años sacó un arma de fuego, apuntó a la cabeza de un colorista de 33 años y disparó.
El proyectil impactó en la cabeza de Germán Medina (33), domiciliado en Morón, quien quedó gravemente herido y fue derivado al Hospital Fernández, pero minutos después falleció.
El agresor, identificado como Abel Guzmán (42), oriundo de Merlo, se dio a la fuga y aún no fue detenido.
En el caso interviene la comisaría Vecinal 2 A en el marco de una investigación por homicidio.
La palabra del abogado
Cristian Benítez, abogado de la peluquería Verdini, reflexionó en una entrevista con el canal Todo Noticias que lo ocurrido “pudo ser un tema de egos”. “Lo que Facundo (Verdini) me dijo es que la víctima estaba contando una fiesta a la que había concurrido. No era una reunión de trabajo sino una situación de tratar de pasar el tiempo hasta poder retirarse”, detalló.
“Habían terminado el día de trabajo y eran las únicas cinco personas que estaban. Se juntaron para distenderse y después cerrar el local. Por lo que se ve en las imágenes, entiendo que había algún tipo de encono entre ellos y utilizó ese momento para descargar la ira. Otra explicación no le encontramos”, agregó el letrado.
Benítez reveló que el dueño de la peluquería se encontraba, lógicamente, “muy consternado” luego del hecho. “Cuando me llama y me cuenta la situación me acerco al lugar desde Hurlingham y en principio me lo cuenta como no entendiendo la situación. Cuando estoy llegando es como que cae”, dijo el abogado. “Ni sabían que podía portar un arma”, manifestó, y remarcó que el resto de las personas que se encontraba en la escena “eran espectadores circunstanciales”.

