¿Qué hubieran dicho los grandes medios occidentales si Irán hubiera lanzado un misil contra una escuela primaria en Israel y matado a 180 colegialas? Es probable que la palabra “masacre” hubiera dominado portadas, que se hablara sin rodeos de “crimen de guerra” y que la condena internacional ocupara el centro de la escena informativa durante días.
Las imágenes, los nombres y las historias de vida de las víctimas habrían sido eje de coberturas especiales, con análisis sobre la amenaza iraní y el derecho a la defensa israelí.
Un ejercicio contrafáctico similar ya realizó Infocielo hace pocos días ante el asesinato del Ayatolá Jamenei con misiles norteamericanos e israelíes.

El escenario hipotético
En ese marco inverso, la atribución de responsabilidad difícilmente habría sido ambigua. Los titulares dirían “Irán bombardea escuela” o “Ataque iraní mata a 180 niñas”.
El lenguaje sería directo, moral y urgente. Se multiplicarían las declaraciones oficiales de Estados Unidos y la Unión Europea, reproducidas en tiempo real por cadenas como CNN o la BBC, y el hecho se convertiría en símbolo de barbarie.
El foco estaría puesto en la agresión deliberada contra civiles y en la necesidad de una respuesta.
Ese ejercicio comparativo no es antojadizo. Simplemente responde a patrones de cobertura mediática observables cuando el agresor es un país percibido como hostil a Occidente y las víctimas pertenecen a uno aliado.
La narrativa suele estructurarse en torno a la condena moral y la identificación emocional con las víctimas.

El caso real: Minab
El 28 de febrero de 2026 ocurrió un hecho concreto: una escuela primaria de niñas en Minab, al sur de Irán, fue destruida durante la primera jornada de ataques lanzados por EEUU e Israel contra territorio iraní.
Agencias internacionales como Reuters y AFP informaron que más de 160 colegialas murieron bajo los escombros, junto a docentes y personal escolar. La ONU expresó estar “profundamente perturbada” y solicitó una investigación independiente.
Los datos duros circularon poco pero lo hicieron. Una escuela bombardeada, más de 160 niñas muertas, funerales multitudinarios y reclamos de esclarecimiento.
Sin embargo, en buena parte de la prensa occidental el encuadre fue más cauteloso. Se relativizó la información dura hablando de “ataque a escuela”, de “víctimas según autoridades iraníes” y de que Estados Unidos e Israel “investigan lo ocurrido”.
La atribución directa quedó diluida en el contexto de la ofensiva más amplia.
La palabra “asesinato” casi no apareció en los grandes titulares, pese a que el resultado fue la muerte de más de 160 colegialas en un establecimiento educativo.
El énfasis se desplazó hacia la complejidad del conflicto y la falta de verificación independiente, en lugar de instalar el hecho como una tragedia moral central.
Estados Unidos e Israel asesinaron niñas y la respuesta mediática y en redes sociales fue dudar de que el hecho realmente hubiera ocurrido. Una vez confirmado el suceso y ratificado que no era fake news o IA, poner en duda quien lanzó el misil. Por último, ante la evidencia de los datos confirmados incluso por Naciones Unidas, hacer perder la información en un fárrago de otras circunstancias y noticias.
La brecha narrativa
En Argentina, muchos medios replicaron cables de agencia. Se mencionó la muerte de niñas en Irán, pero integrada a la cobertura general del conflicto en Medio Oriente.
Para una parte de la audiencia, el dato de que más de 160 niñas iraníes fueron asesinadas en ese contexto pasó sin la dimensión simbólica que habría tenido el escenario inverso.
Esto reafirma esa certeza incómoda sobre asimetrías discursivas. ¿Existe una doble vara en la cobertura de crímenes contra civiles de acuerdo a quien sea el país autor de masacres? ¿Se trata de una lógica estructural en la que los medios occidentales son más cautelosos cuando la responsabilidad involucra a potencias aliadas?
La respuesta es claramente que sí.
El contraste entre el escenario hipotético y el hecho real vuelve a revelar cómo el lenguaje, la jerarquización y el encuadre influyen en la memoria pública de las tragedias.
¿Cuántas películas de Hollywood recordamos específicamente sobre las bombas de Hiroshima y Nagasaki?
Algo hace suponer que tampoco habrá ningún productor cinematográfico norteamericano dispuesto a reflejar la carnicería de colegialas iraníes, aunque seguramente muchos, con la característica hipocresía e ignorancia de ‘señora bien’ occidentales, condenarán que “las obligaban a usar velos”.

