En una declaración que dejó a más de un economista ortodoxo recalculando, Donald Trump sorprendió al mundo entero al declarar abiertamente su “amor” por el reciente salto inflacionario en los Estados Unidos.
Mientras los consumidores “yankees” ven cómo los precios aumentan en supermercados, estaciones de servicio y sectores clave de la economía, el mandatario republicano parece tener una lectura muy distinta de la situación.
Consultado en el Salón Oval de la Casa Blanca sobre si le preocupaba el último dato del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que alcanzó un 4,2% anual en mayo, Trump fue contundente y dejó una frase que rápidamente se viralizó en redes sociales y medios de comunicación.
“No, me encanta. Los números fueron geniales. ¿Saben lo que realmente amo? Amo la inflación”, respondió el presidente estadounidense ante la sorpresa de los periodistas presentes.
La frase que descolocó a economistas y analistas
Las declaraciones generaron una fuerte repercusión porque la inflación suele ser considerada uno de los principales problemas económicos para cualquier gobierno.
Para los economistas neoliberales, entre los cuales se cuentan Javier Milei y Luis Toto Caputo, el aumento sostenido de los precios erosiona el poder adquisitivo de los salarios, incrementa los costos de financiamiento y suele impactar negativamente en la percepción de los consumidores, además de calificarlo como un fenómeno exclusivamente monetario.
Sin embargo, Trump optó por destacar otros indicadores y defendió la marcha de la economía norteamericana. Según su visión, el actual proceso inflacionario estaría vinculado a factores externos y tendría carácter transitorio.
Para muchos observadores, la frase resultó especialmente llamativa por provenir de un dirigente que históricamente hizo de los indicadores económicos una bandera central de su gestión.
El factor Irán y la tensión en el mercado petrolero
Según distintos análisis económicos, la reciente escalada de la inflación estadounidense está estrechamente relacionada con el conflicto iniciado contra Irán y las acciones en el estratégico Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte mundial de petróleo.
El temor a interrupciones en el suministro energético impulsó una fuerte presión sobre los precios internacionales del crudo. Aun así, Trump aseguró que su administración logró evitar un escenario mucho más complejo para la economía global.
“Sacamos, la otra noche, 22 barcos a altas horas, sin luces, porque no tienen radar, porque les reventamos todo”, afirmó el mandatario al explicar las acciones que, según sostuvo, permitieron contener una disparada aún mayor del precio del petróleo.
De acuerdo con Trump, el barril logró mantenerse cerca de los 85 dólares cuando podría haber alcanzado niveles cercanos a los 250 dólares en medio de la crisis regional.
Precios en alza y preocupación entre los consumidores
Mientras la Casa Blanca intenta transmitir tranquilidad y sostiene que los datos inflacionarios se encuentran dentro de los márgenes previstos, la situación en la calle refleja un escenario bastante diferente.
El precio promedio de la nafta ronda los 4,15 dólares por galón (apenas más de 1 dólar el litro) , mientras que los pasajes aéreos registraron aumentos cercanos al 27%. Estos incrementos impactan directamente sobre el bolsillo de millones de estadounidenses y contribuyen al deterioro de la confianza de los consumidores.
En este contexto, la atención de los mercados se concentra ahora en la próxima reunión de la Reserva Federal, encabezada por Kevin Warsh, donde se analizará la evolución de la inflación y la posibilidad de mantener o modificar las tasas de interés.
Mientras tanto, Trump insiste en que la economía estadounidense continúa siendo “la más fuerte de la historia”. Una afirmación que convive con una realidad incómoda: los precios siguen subiendo y la frase “amo la inflación” ya se convirtió en uno de los comentarios más polémicos de su gestión.

