Esta vez, Gimnasia no pudo con la épica. La ilusión por volver a dar el batacazo en el Monumental se fue desmoronando con el correr de los minutos y con las acciones del encuentro: primero la expulsión de Panaro y luego el golazo de Quintero. El desarrollo del juego fue favorable al local y la visita nunca terminó de meterse en el partido.
Así como el Lobo destrabó el partido ante Racing en los primeros minutos de juego y encaminó un importante triunfo en el Bosque, en el Monumental le ocurrió lo contrario. La temprana expulsión de Manuel Panaro condicionó aún más a un equipo que ya estaba siendo superado y que no encontró respuestas ante River.
La roja de Panaro fue para el equipo de Gallardo lo que el gol olímpico de Barros Schelotto fue para el de Zaniratto en la fecha pasada. Creció futbolísticamente, tocó con muchos espacios, jugó mayormente en campo rival y finalmente llegó al gol gracias a la calidad de Juanfer Quintero. En pocas palabras, encaminó el triunfo.

En el complemento tampoco hubo reacción y rápidamente el local, otra vez mediante el colombiano, estiró la ventaja. A Gimnasia le faltó precisión, confianza y por momentos actitud. Vio cómo River le manejaba la pelota de un lado al otro y recién tras la expulsión de Viña, que dejó las cosas 10 contra 10, intentó aproximarse al arco defendido por Beltrán.
Sin embargo, los intentos no tuvieron la profundidad necesaria y River cerró la victoria sin sufrir sobresaltos. Un partido con muchas deficiencias en el equipo de Fernando Zaniratto, ya que no tuvo solidez defensiva, se mostró inconexo en el mediocampo y lo poco que llegó al arco rival estuvo impreciso.
Mucho para corregir en Gimnasia. Mostró una de sus peores caras del ciclo Zaniratto y le faltó fútbol, algo por lo que se había destacado en el inicio del torneo ante Racing. Una derrota que quizás se podía permitir -aunque no de esta manera-, y que deberá tener como referencia para no volver a cometer algunos errores.

