Alejandro Orfila, el deté que está comenzando su historia al frente de Gimnasia, puede identificarse con una palabra: trabajo. Del mismo modo que en su etapa como futbolista se lo podía calificar con otra: intensidad. Ahora bien: ¿cómo se forjó la personalidad del uruguayo?
Como todos, Orfila es un resultado de todo aquello que fue. Y su historia se escribió con hechos que van desde su infancia en Uruguay, donde llamaba la atención jugando en el baby, a la rusticidad bien entendida que adoptó en el Ascenso argentino.
¿Por qué eligió el look al que comparan con el de Heisenberg, el protagonista de Breaking Bad? ¿De qué se arrepiente? ¿Qué condiciones le puso su familia antes de dedicarse a ser entrenador? Hay perlitas de Chano que trascienden la anécdota en la que lo dieron por muerto en Crónica TV como contó Cielosports o su estilo de entrenamiento que intenta seducir al hincha de Gimnasia.
Cuando iba al parque a entrenar a jugadores amateurs

En 2016, Orfila acababa de dejar su etapa como jugador en San Miguel. Lejos de alejarse del fútbol, comenzó a entrenar a futbolistas amateurs en Parque Sarmiento, bordeando General Paz. Allí, se lo veía formando a personas de todas las edades que buscaban divertirse y aprender tras largas jornadas laborales.
“Era entrenador callejero. Entrenaba en un parque a personas de cualquier edad”, recordaba Orfila en diálogo con el Twitch de Olé en 2024. Y lo hacía “con recursos simples como tapitas y conitos”. Con tan solo eso les enseñaba no solo técnica, sino también conceptos tácticos básicos para posicionarse mejor en los picados y marcar la diferencia.
El nacimiento de un look y un estilo identitarios

“¿Cómo era como jugador? Era un asesino”. Cuando Alejandro Orfila escuchó a uno de sus futbolistas más veteranos contarle a un compañero uno de sus rasgos distintivos como jugador, el uruguayo se sonrió y comprendió que su estilo ya había quedado grabado de manera indeleble. Pero, ¿cómo modeló su estilo? ¿Por qué apeló a la fricción?
“Un día me tiré al piso a trabar una pelota, el hincha de Tigre me reconoció fervorosamente, y al otro partido lo hice otra vez… me gritaron ‘uruguayo, uruguayo’. Ahí dije: ‘Esta es la mía’. Si yo imponía mi temperamento iba a poder prevalecer y no volverme rápido a Montevideo”, contó en 2020 en diálogo con TyC Sports Play.
“Le pegaba a lo que se movía: jugaba siempre al límite. Si el árbitro miraba para otro lado, le daba una piña en la oreja al rival o le decía cualquier disparate. Y fue pasando el tiempo y me fui generando una fisonomía para ayudar a la garra charrúa. Me fui pelando y dejando la chiva bien larga. Y me fui armando un prototipo que parecía que te iba a matar cuando entraba al campo de juego”.
Dejar los estudios: una decisión de la que aprendió

A los 14 años, Alejandro Orfila entendió que los libros no eran lo suyo. “Cuando inicié la secundaria, la verdad es que no iba nunca. No tenía mochila. Iba con un cuaderno doblado que me ponía en el bolsillo de atrás y una lapicera en la oreja”, revelaba en Desde el Barro hace cinco años. “Un día mi padre me dijo que no vaya más. Que estaba perdiendo el tiempo. Y que me ponga a trabajar además de jugar a la pelota porque no iba a pagarme los botines ni el colectivo”.
Con el tiempo, Orfila lamentó aquella determinación de no seguir en la escuela. “Si hay algo de lo que me arrepiento en mi vida es haber abandonado los estudios. Sentí mucho dolor cuando quise ayudar a mis hijos a hacer la tarea y que me dijeran: ‘No dejá, vamos a esperar a mamá porque vos no entendés nada’. Es lo peor que le puede pasar a un padre. Es una espina que me quedó guardada para toda la vida. Por eso hoy trato de inculcarle eso a mis jugadores y a mis hijos. Primero el estudio y después lo que elijan”.
De qué trabajó cuando dejó de estudiar
Lo dicho: Orfila no siguió estudiando y empezó a hacer changas para bancar su carrera futbolera. “Empecé a ser un busca a los 14 años. Me puse a repartir diarios en un barrio y trabajaba desde las 4 de la mañana. Hasta que un día empecé a ayudar a un vecino en un reparto de pan y facturas dentro de un monoblock. Y empecé a ganar el pesito para seguir jugando a la pelota”, contó el uruguayo en TyC Sports Play durante la pandemia.
El campeón del mundo que le encontró su lugar en la cancha

Orfila fue dirigido en Tigre por un histórico jugador de la Selección Argentina: Julio Ricardo Villa. El ícono del Tottenham intentó hacerle entender al uruguayo -no sin esfuerzo- que por sus características debía moverse a otra posición, al de pivote. Cuando fue a trabar por primera vez y escuchó el “u-ru-guayo” desde las tribunas de Victoria, Alejandro terminó de convencerse: Villita tenía razón.
La condición que le puso su familia al decidir ser entrenador
Como jugador, Orfila fue siempre un apasionado por el fútbol. Vivía por y para la pelota las 24 horas, a punto tal que alguna vez llegó a reconocer que debió tener más tiempo con su familia en esta etapa de su carrera. Algo que por caso corrigió.
“Ella me dijo que me bancaba ser entrenador, pero con la condición de que esta profesión no podía ser como la de futbolista. Que tenía que haber un espacio para la vida familiar y por otro lado la profesión y la pasión, que es el fútbol. Y fue por una exigencia, pero me convenció de que tenía que ser así”, reveló en Clarín.

