La Plata no suele aparecer en el mapa argentino de los terremotos. No hay montañas, no hay grandes fallas visibles y la ciudad está lejos de las zonas donde históricamente se concentran los movimientos sísmicos más importantes del país. Sin embargo, la historia guarda algunos episodios capaces de derribar esa certeza.
Porque La Plata tembló. Y no una sola vez.
El antecedente más impresionante se remonta a una época en la que la ciudad tenía apenas seis años de vida. El 5 de junio de 1888, un terremoto ocurrido en el Río de la Plata sacudió una amplia región y dejó una huella en la memoria de argentinos y uruguayos.
Más de un siglo después, mucho más acá en el tiempo, el 30 de noviembre de 2018, otro movimiento, bien menor, pero con epicentro relativamente cercano, volvió a hacer que los platenses sintieran literalmente que el piso se movía, aunque muy poco, a tal punto que casi nadie lo recuerda.
La pregunta, entonces, aparece casi sola: ¿podría volver a ocurrir un terremoto en La Plata, y de que escala?

El terremoto que sacudió al Río de la Plata
El episodio de 1888 es el gran antecedente histórico. Ocurrió durante la madrugada del 5 de junio y tuvo una magnitud estimada de 5,5, según reconstrucciones históricas. El epicentro habría estado en el lecho del Río de la Plata, a unas pocas decenas de kilómetros de La Plata.

La ciudad fundada en 1882 era todavía muy joven. Sin embargo, ya contaba con buena parte de su estructura urbana y edificios que permitieron advertir el fenómeno.
El movimiento fue percibido a ambos lados del río y también produjo alteraciones en las aguas. Con el paso del tiempo, el episodio quedó conocido como el terremoto del Río de la Plata de 1888 y se convirtió en una de las principales referencias para estudiar la sismicidad de esta región.
Lo llamativo es que ocurrió en una zona que, para el imaginario colectivo, parece completamente alejada de los terremotos.

La Plata volvió a sentir la tierra
El 30 de noviembre de 2018, a las 10:27:38, ocurrió un episodio mucho más pequeño, pero perfectamente documentado por los organismos científicos.
El INPRES registró un sismo de magnitud 3,8, con una profundidad de 25 kilómetros. El epicentro fue ubicado a 32 kilómetros al sur de la Ciudad de Buenos Aires y 50 kilómetros al oeste de La Plata.

El fenómeno fue percibido por vecinos de distintos sectores de La Plata, especialmente en zonas del casco urbano y el norte de la ciudad. Hubo llamados y consultas de personas sorprendidas por un movimiento que, durante algunos segundos, hizo oscilar objetos y generó la sensación inequívoca de que algo estaba pasando debajo de los pies.
El episodio también sirvió para corregir una idea repetida durante años: que el este argentino era una región completamente asísmica.
Desde el INPRES explicaron entonces que se trataba de una zona de sismicidad muy reducida, pero no de una región absolutamente libre de movimientos. El organismo también remarcó que aquel sismo no tenía poder destructivo.
¿Por qué tiembla si no hay montañas?
La explicación está en la dinámica de la corteza terrestre.
Los grandes terremotos argentinos se concentran principalmente en el oeste del país, donde la interacción entre placas tectónicas genera condiciones mucho más favorables para la acumulación y liberación de energía. Buenos Aires y La Plata, en cambio, se encuentran en el interior de la placa Sudamericana, lejos de sus límites más activos.
Pero estar lejos de un borde de placas no significa estar completamente a salvo de movimientos.
De acuerdo al testimonio de los expertos, existen estructuras y fracturas profundas en la corteza capaces de acumular tensiones y liberar energía. Son fenómenos mucho menos frecuentes y, en general, de magnitudes inferiores a los terremotos cordilleranos.
Eso explica por qué un territorio aparentemente tranquilo puede registrar ocasionalmente un movimiento sísmico. El propio INPRES definió el fenómeno de 2018 como compatible con una región de sismicidad reducida, pero no inexistente.
¿Un terremoto fuerte podría ocurrir?
Acá aparece la parte más difícil de responder.
Que un terremoto sea posible no significa que sea probable. La historia demuestra que la región puede experimentar movimientos sísmicos y que incluso existió un evento de magnitud considerable en 1888. Pero no existe evidencia que permita establecer cuándo podría producirse otro, dónde estaría exactamente su epicentro o qué magnitud tendría.
El terremoto de 1888 constituye justamente el principal llamado de atención. Si un movimiento estimado en alrededor de 5,5 ocurrió a pocas decenas de kilómetros de la ciudad, entonces afirmar que La Plata es un territorio absolutamente inmune sería científicamente incorrecto.
Al mismo tiempo, extrapolar aquel episodio para anunciar que la ciudad está frente a la amenaza de un gran terremoto sería igualmente exagerado.
La evidencia disponible muestra sismicidad ocasional y de baja magnitud, no una actividad comparable con las regiones sísmicas más peligrosas de Argentina.
Entre el terremoto y el sismógrafo futbolero
La historia sísmica platense tiene además un capítulo bastante más moderno y pintoresco: el famoso registro atribuido a la celebración de un gol de Gimnasia.
Pero ese episodio no debe confundirse con un terremoto. Un instrumento sensible puede registrar vibraciones producidas por personas saltando, tránsito, maquinaria u otras fuentes artificiales.
Un sismo tectónico, en cambio, se origina por la liberación repentina de energía acumulada en el interior de la Tierra y genera ondas que pueden propagarse a grandes distancias.
La diferencia quedó perfectamente demostrada en 2018. Aquello no fue una tribuna que vibraba ni una multitud saltando: fue un sismo confirmado por el INPRES, con epicentro, profundidad, magnitud y coordenadas determinadas.
Así, entre el terremoto del Río de la Plata de 1888 y el temblor de 2018 aparece una conclusión bastante más interesante que un simple sí o no: La Plata no es una ciudad sísmicamente activa, pero tampoco es una ciudad sísmicamente imposible.
La tierra debajo de la ciudad parece tranquila. La historia, sin embargo, demuestra que completamente quieta no estuvo nunca.

