En una recorrida por la zona crítica de Altos de San Lorenzo, específicamente en la intersección de las calles 132 y 84, el cronista Nicolás Chillón para el programa “Palabras más, palabras menos” de la radio La Cielo 103.5, conducido hoy por Nuria González Rouco, dio voz al reclamo desesperado de cientos de familias que enfrentan una escasez de agua prácticamente total desde hace casi un mes.
El área afectada se extiende por un amplio cuadrante que abarca desde la calle 80 hasta la 91 bis y de 132 a 140, donde el suministro brilla por su ausencia y las respuestas oficiales son nulas.
Vivir cargando baldes de madrugada
Melina, una vecina que se convirtió esta vez en la voz de muchos, describió una realidad que parece de otro siglo. “Hace tres semanas que ni siquiera sale un hilito de agua como para decir ‘bueno, cargo algo’. Es el horario que tengo que estar hasta la 1 de la mañana cargando baldes, botellas, lo que encuentro”, explicó con angustia.
Según relató, el poco caudal que llega solo aparece durante la noche con una mínima presión: “De noche viene un poco, llego a cargar un balde de 20 litros en dos horas”.
Esta situación está alterando por completo la vida cotidiana de los vecinos, quienes deben recurrir a métodos rudimentarios para la higiene básica. “Llevo los baldes adentro para bañarnos, caliento agua en una olla a la antigua, otra no queda”, confesó Melina, quien además destacó la imposibilidad de utilizar el lavarropas, debiendo lavar la ropa de sus hijos de 11 y 15 años totalmente a mano.
El drama se agrava en casos de extrema vulnerabilidad, como el de una pareja de ancianos cercana que depende de sus hijos para recibir bidones, o el de una madre que recientemente tuvo una cesárea y carece del agua necesaria para su higiene postquirúrgica.
Facturas que llegan y respuestas que no
A pesar de la falta total del servicio, las facturas de la empresa Aguas Bonaerenses S.A. (ABSA) continúan llegando puntualmente a los domicilios, lo que genera una indignación lógica entre los frentistas.
“Te estoy pagando el agua. La factura viene igual. Yo le dije: no te voy a pagar hasta que no venga el agua”, sentenció la vecina. Al intentar realizar los reclamos, los damnificados se chocan contra una pared burocrática.
Melina relató que, tras lidiar con asistentes virtuales y ser derivada de un lado a otro, la respuesta final es siempre la misma: “Me dicen ‘estamos tratando de solucionarlo a la brevedad, tendrás noticias’ y me cortan. Queda ahí, en la nada. Es un ‘siga participando’”.
La falta de empatía también se manifestó en el contacto directo con operarios de la empresa. Melina recordó un episodio reciente: “Pasó una camioneta, los frené y les pregunté cuándo van a traer agua. ‘Ah, ¿no tenés agua?’, me dijeron en tono burlón. Me dijeron que a ellos los mandaban para el fondo y se fueron”.
Ante la ausencia de información oficial, en el barrio circulan versiones que van desde una supuesta falla eléctrica de la cual la empresa le echa la culpa a la prestataria de energía, hasta el rumor de que se habrían robado una bomba que abastece a todo el sector.
Un barrio al borde de la protesta
La paciencia de los vecinos de Altos de San Lorenzo parece haber llegado a su límite, especialmente porque no es la primera vez que enfrentan una crisis de esta magnitud.
Durante el último verano, estuvieron casi dos meses y medio sin suministro, situación que los obligó a alquilar camiones cisterna por un costo aproximado de 200 mil pesos para llenar sus tanques. “Tuvimos que sacar plata de donde pudimos. El agua de un camión, usándola para lo básico, me dura una o dos semanas estirándola mucho”, detalló la vecina sobre el impacto económico del problema.
Ante la falta de soluciones individuales y la persistencia de las canillas secas, los frentistas están evaluando endurecer las medidas de fuerza. “Estábamos hablando con algunos vecinos de ir a hacer el reclamo en la entrada de ABSA, de ir a hacer ‘bochinche’ como a ellos le gusta para que nos den bolilla porque estamos hartos ya”, advirtió Melina.
Mientras tanto, la comunidad sobrevive gracias a la solidaridad y al ingenio, esperando que alguna autoridad escuche el clamor de un barrio que solo pide un servicio esencial para la vida digna.

