En un momento bien “fin de semana” de la transmisión de Todo Noticias (TN), la señal de noticias del Grupo Clarín, se presentó un segmento que rápidamente generó un intenso debate en redes sociales.
El eje de la noticia fue una nueva supuesta “moda argentina”: la confección de prendas de vestir utilizando trapos de rejilla o “repasadores“, los mismos elementos básicos que se emplean para la limpieza del hogar, especialmente en la cocina.
La tendencia comenzó a circular a través de las redes sociales, donde una marca nacional mostró diseños fabricados íntegramente con este material.
¿Innovación o pobreza?
Durante la emisión, los conductores mostraron los diseños con una mezcla de asombro y desorientación, preguntando a la audiencia si realmente estarían dispuestos a vestirse con un repasador o un “trapo de rejilla”.
Aunque intentaron rescatar la “originalidad” de la propuesta, la reacción interna fue dispar: una especialista invitada admitió abiertamente que ver este tipo de moda le producía una sensación de depresión.
Esta tendencia no surge en el vacío, sino que ya está siendo reinterpretada bajo la lupa de la ironía política. En diversos comentarios se señala que el reciclaje de trapos de piso viejos para convertirlos en ropa es, irónicamente, un “signo claro de la prosperidad” que habrían traído las políticas libertarias de Milei.
En este relato sarcástico, se compara la situación actual del país con potencias como Alemania o Irlanda, destinos elegidos por el presidente como modelos a seguir.

La mirada escéptica
Es fundamental destacar que, más allá de lo expuesto sobre esta moda, la realidad cotidiana añade matices extra, como el consumo de carne de burro, y la angustia de los sueldos que apenas llegan al día 20 del mes con suerte.
El escepticismo ante los índices oficiales de pobreza e inflación, percibidos como artificialmente bajos, añade una capa más a la lectura de este fenómeno de la “tendencia rejillera”.

Lo que para una marca es una apuesta disruptiva en las redes, para el ciudadano de a pie se convierte en un símbolo de la escasez.
Vestir un trapo de rejilla deja de ser una elección de vanguardia para convertirse en la metáfora de una sociedad que intenta reciclar su dignidad en medio de las carencias

