Las librerías de barrio en la provincia de Buenos Aires atraviesan un momento crítico. Golpeadas por el desplome del consumo y los intentos de cambiar las leyes del sector, hoy luchan para no cerrar sus puertas y seguir garantizando el acceso a la cultura. En este sentido, Luana Barletta, comunicadora y parte del equipo de la librería Mascaró en diálogo exclusivo con INFOCIELO, reflexiona sobre el sector y el impacto de la desregulación que busca el gobierno Nacional sobre la Ley de libros.
“Nosotros defendemos esta ley porque básicamente, gracias a ella, podemos coexistir las librerías de barrio —que somos comercios más chiquititos— junto con grandes cadenas y megaempresas de venta de libros como Amazon”, explica Barletta. La normativa en cuestión es la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, sancionada en 2001, que establece que editores e importadores deben fijar un Precio Superior de Venta al Público (PVP) uniforme para cada título.
La advertencia del sector es contundente, derogar el precio fijo no abaratará la cultura, sino que concentrará la oferta en un puñado de actores hegemónicos. “El mayor problema es que esto aniquila la bibliodiversidad. Al cerrar las librerías de barrio, incluso grandes cadenas como Cúspide, Yenny o El Ateneo que también defienden la ley, viene Amazon con su pata gigante de elefante y nos aplasta a todos. Va a definir qué tenemos que leer”, señala Barletta, remarcando que la competencia desleal eliminará los títulos menos comerciales y reducirá el abanico de autores en circulación.
El avance sobre las aulas y la autonomía provincial
La preocupación del sector no se agota en la comercialización privada. Las miradas están puestas con igual alarma en las modificaciones proyectadas sobre la Ley de Fomento del Libro y la Lectura.
Según denuncian los trabajadores del libro, los cambios normativos impulsados desde el Ejecutivo nacional buscan reconfigurar el acceso a los textos en los espacios educativos. “En pos de promover un supuesto acceso igualitario y un marco competitivo, lo que quieren es poder regular qué materiales de lectura llegan a las escuelas”, advierte la comunicadora de Mascaró. Y profundiza sobre la gravedad del centralismo, “que la Secretaría de Cultura de la Nación sea la que regule qué materiales llegan a las escuelas significa que la provincia de Buenos Aires no va a tener la autonomía para decidirlo. Es un problemón porque ya sabemos que hemos tenido un Estado que ha querido censurar libros de autores provinciales como Cometierra, cualquier libro que permita que los pibes piensen”.
Dado que el sistema educativo es federal, el Estado Nacional dicta las leyes generales, pero cada provincia tiene la autonomía para organizar, administrar y financiar su propio sistema.
Persianas bajas y la resistencia del ensayo político
En una realidad económica golpeada, el escenario legal impacta, solo en la capital de la provincia el ajuste ya dejó marcas indelebles en el mapa urbano, se estima que cerca de diez librerías debieron bajar sus persianas en el último período.
“Las que no hemos cerrado estamos aguantando, resistiendo. Hay una caída de ventas terrible”, describe Barletta, trazando un paralelo entre el libro y los consumos esenciales. “Hoy por hoy, un libro es un privilegio. Ir a comprarte un libro una vez al mes significa 35 o 40 mil pesos, la gente tiene que elegir entre comer o leer un libro, y eso es gravísimo”.
A pesar del desplome general del poder adquisitivo, la dinámica de consulta en los mostradores revela un fenómeno particular, el resurgimiento del ensayo como herramienta de interpretación social.
“Hay momentos históricos en los que la gente se vuelca al ensayo o a la lectura más política. Previo a la legalización del aborto, nos cansamos de recomendar libros sobre feminismo y géneros porque había avidez. Hoy, a partir de este gobierno, fue notoria la necesidad de buscar respuestas nuevamente en los libros de ensayo y de política, volvieron a circular muchísimo porque hay una necesidad de buscar explicaciones a lo que pasa”, analiza la librera Barletta.
Asimismo, derriba un mito recurrente en el debate público sobre los hábitos de las nuevas generaciones y el soporte digital, “no me gusta cuando escucho decir que la juventud no lee, porque no nos pasa. En las ‘Noches de las Librerías’ nos cansamos de ver pibes y pibas buscando lecturas. A veces el error es de los adultos en no saber qué ofertarles“, sostiene la comunicadora.
En tanto, frente a una era digital que se ha expandido cada vez más, Barletta es tajante, “la gente no deja de comprar el libro físico por el digital, hay un vínculo con el objeto libro que no se ha visto amenazado”.
Frente a un panorama de incertidumbre macroeconómica y disputas parlamentarias, las librerías independientes de la región intentan sostenerse como trincheras de pensamiento crítico. La pelea no es solo por la caja diaria, sino por garantizar que el catálogo de lo leíble no quede en manos de un algoritmo.

