Hubo derrota, hubo bronca y hubo, también, un gesto que quedará en la memoria colectiva mucho más que el resultado. Cristian “Cuti” Romero y Lisandro Martínez le dieron a la gente algo para festejar: le bajaron el pulgar a Donald Trump.
Durante la entrega de la medalla de plata, con Gianni Infantino y el propio Trump a cargo del protocolo, los dos defensores centrales de la Selección evitaron estrecharle la mano al mandatario norteamericano.
Los desplantes se hicieron virales
No hicieron falta discursos ni ninguna declaración grandilocuente: alcanzó con una mirada esquiva y un paso al costado para que el clip diera la vuelta al mundo en cuestión de minutos.
El propio ingreso de Trump e Infantino al campo de juego ya había sido recibido con una lluvia de abucheos por parte del público argentino presente, un clima que no amainó hasta que ambos empezaron a repartir medallas.
Trump había sido, a lo largo de todo el certamen, uno de los protagonistas extradeportivos más resistidos: desde su injerencia directa para que se le levantara la expulsión al jugador de Estados Unidos Folarin Balogun, hasta el trato denunciado hacia la delegación de Irán, que de acuerdo a versiones solo pudo ingresar al país el día del partido y debió retirarse de inmediato.
Pero esta situación con los defensas argentinos no parece haber tenido relación con la actuación del presidente norteamericano y su injerencia en el Mundial, sino más bien con dejar sentadas posiciones humanas diversas a las políticamente correctas hacia el mandatario de la mayor potencia internacional.
Dos capitanes de la dignidad
Romero y Martínez sin poder levantar la Copa se ganaron el rótulo de héroes populares. En un Mundial atravesado por la política y por un anfitrión que se robó buena parte de la escena, los dos zagueros eligieron el único gesto que estaba a su alcance en ese escenario protocolar: no darle el gusto.
La misma dupla que semanas atrás le había respondido con carácter a las críticas del inglés Gary Neville volvió a mostrar que en esta Selección el bloque no se rompe ni siquiera en la derrota.
El segundo puesto quedó en el vestuario. El gesto, en cambio, ya hizo historia.

