Las manchas de humedad en las paredes no son solo un problema estético. En muchos casos esconden colonias de bacterias y hongos que degradan los materiales y pueden generar alergias o infecciones respiratorias. Frente a este desafío, un grupo de científicos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) desarrolló un nuevo material bioactivo que podría incorporarse a pinturas de interior para impedir la proliferación de microorganismos.
La investigación se lleva adelante en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas (CIDEPINT), una unidad científica que depende de la Universidad Nacional de La Plata, del CONICET y de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires. Allí trabajan en el diseño de recubrimientos capaces de resistir el llamado “biodeterioro”, es decir, el deterioro provocado por microorganismos que se adhieren a las superficies.
El desarrollo combina compuestos naturales con materiales minerales para generar una acción antimicrobiana sostenida. El punto de partida es la tierra de diatomeas, también conocida como diatomita, una sílice natural que proviene de la fosilización de algas microscópicas acumuladas durante millones de años en antiguos cuerpos de agua.
Un soporte natural para liberar compuestos antimicrobianos
La diatomita tiene una estructura muy porosa que la convierte en un soporte ideal para incorporar sustancias bioactivas. En el laboratorio, los investigadores modificaron este material para que pudiera retener compuestos antimicrobianos y liberarlos de manera gradual.
Uno de los componentes incorporados fue el citronelol, una molécula presente en el aceite esencial de citronela, conocida por sus propiedades biocidas. Al asociarlo a la estructura sólida de la diatomita, los científicos lograron evitar uno de los principales problemas de los compuestos volátiles: su rápida evaporación.

Según explicó la investigadora Natalia Bellotti, responsable del proyecto, el objetivo es lograr que estos agentes permanezcan dentro de la película de pintura durante más tiempo y mantengan su efecto protector.
Bacterias y hongos bajo control
Para evaluar el nuevo material, el equipo realizó ensayos con bacterias y hongos presentes en su propio cepario de laboratorio. Entre las bacterias analizadas se encuentran Escherichia coli y Staphylococcus aureus, microorganismos asociados a distintas enfermedades en humanos.
También se estudiaron hongos frecuentes en ambientes interiores, como Aspergillus fumigatus, Chaetomium globosum y Penicillium commune, conocidos por provocar alergias y deteriorar materiales.
Los resultados mostraron un efecto sinérgico entre el citronelol y las sales de amonio cuaternario incorporadas al material, lo que permitió obtener una actividad antifúngica y antibacteriana superior y más duradera.
Pinturas más seguras y sostenibles
En la industria de las pinturas es habitual utilizar biocidas químicos para evitar el crecimiento microbiano. Sin embargo, muchos de esos compuestos son cuestionados por su toxicidad y por su impacto ambiental.
La innovación del equipo del CIDEPINT consiste en aprovechar un pigmento extendedor económico —como la diatomita— como soporte para compuestos bioactivos de origen natural. Esto permitiría reemplazar algunos de los aditivos biocidas utilizados actualmente en formulaciones comerciales.
El próximo paso de la investigación será evaluar cuánto tiempo se mantiene la actividad antimicrobiana cuando la pintura se aplica sobre superficies reales y analizar su estabilidad durante el almacenamiento.
Si los resultados son positivos, la tecnología podría abrir la puerta a una nueva generación de pinturas interiores capaces de proteger las paredes y, al mismo tiempo, reducir el uso de biocidas sintéticos.
Fuente: Agencia de Noticias UNLP Investiga.

