La presentación de Santiago Ascacibar como nuevo jugador de Boca dejó mucho más que una simple conferencia formal. El volante platense soltó declaraciones que impactaron de lleno en el mundo Estudiantes, club donde fue referente, capitán y una de las caras más representativas del plantel. “Jugar en Boca es mi sueño de chiquito”, dijo sin vueltas, una frase que rápidamente se viralizó y cayó como una verdadera bomba entre los hinchas albirrojos.
Además, agregó: “Hoy poder cumplirlo me llena de felicidad, para mi familia también. Ahora, a agarrar esta oportunidad linda que te da este club, que es inmenso”.

El ruido fue todavía mayor cuando el propio Ascacibar confirmó que tuvo la chance de ir a River, pero la descartó. “A River no quería ir”, confesó, dejando en claro que su prioridad siempre fue Boca. En un fútbol donde los matices suelen abundar, el Ruso eligió la frontalidad absoluta, algo que en La Plata fue leído como un golpe emocional difícil de digerir.
El contexto potencia el malestar: Ascacibar no era un jugador más en Estudiantes. Era el capitán, líder del mediocampo y símbolo de identidad, alguien formado en el club y muy identificado con la gente. Por eso, sus palabras fueron interpretadas por muchos hinchas como algo más que una decisión profesional: una ruptura afectiva con el Pincha.

Mientras en Boca celebran la llegada de un refuerzo de jerarquía y carácter, en Estudiantes quedó una sensación amarga. La transferencia ya dolía, pero las declaraciones públicas terminaron de encender la polémica. La frase del “sueño de chiquito” y el rechazo explícito a River seguirán resonando en La Plata, donde todavía cuesta asimilar que uno de los propios haya elegido irse… y decirlo sin filtro.

