“Los 2 PBI robados“, “la plata de la Rosadita“, “las excavaciones en la Patagonia”, “el dinero escondido en las paredes de las bóvedas de Santa Cruz“, los bolsos de López supuestamente “revoleados” en el convento, el “asesinato” del fiscal Nisman, y varios ejemplos más, son muestras de como con algunas sencillas oraciones breves y fáciles de entender por cualquiera, los medios dominantes de comunicación instalan mentiras como si fueran verdades reveladas que luego quedan para siempre en el inconsciente de un importante segmento de ciudadanos, a los que se hará imposible extirparles esa falsedad porque lo considerarán una realidad incontrastable de tantas veces que lo escucharon. En estas horas post electorales la frase que lleva varias repeticiones en señales como La Nación Más y TN, habla de que la campaña de Sergio Massa a presidente gastó “8 mil millones de dólares“, y se convirtió en la más cara de cualquier democracia occidental de la historia.
En la noche del lunes quien volvió a reiterar esta falacia con una seguridad pasmosa fue el periodista Marcelo Longobardi, ante su colega Carlos Pagni, en la señal de noticias del diario La Nación.
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Marcelo Longobardi, como otros operadores periodísticos, están afirmando un apotegma que buscan instalar en los ciudadanos, y es que Sergio Massa habría gastado 8 mil millones de dólares en la campaña electoral
Pero ¿Cuál es la usina de este tipo de revelaciones incomprobadas, pero que buscan ser insertadas en el cerebro de los ciudadanos/electores?
Cada una de esas temerarias aseveraciones no tiene un origen común, pero sí una estrategia similar, como es machacar una y otra vez con algo que se dice, un poco en broma y un poco en serio, pero que queda instaurado como una verdad en el imaginario popular al estilo “Efecto Mandela“, es decir algo que nunca ocurrió pero que la gente percibe como si hubiera sucedido: pura postverdad.
Aquello de “los 2 PBI” fue autoría del financista platense Leonardo Fariña.
La “Rosadita” la apalancó Jorge Lanata.
Las excavaciones fueron aún más allá, porque inclusive se concretaron de la mano del fiscal Marijuan.
Lo del “iraní venezolano adiestrado en Cuba” para asesinar a Nisman lo inventó Eduardo Van der Kooy en Clarín. Y así podría seguirse con cada uno de estos axiomas.
LOS 8 MIL MILLONES DE DÓLARES
Por estas horas la sentencia más recurrente es afirmar sin ningún reparo, fuente, ni certeza que Sergio Massa gastó esa millonaria cifra en moneda estadounidense para solventar la campaña a presidente que lo llevó a ser el candidato más votado en la primera vuelta electoral.
¿En qué dato podrían basarse para semejante afirmación?
¿Por qué dan por real un número que no se condice en nada con el verdadero gasto y que suena ficticio pero ‘pornografico’?
¿Por qué nadie repregunta a quienes lo aseguran tan firmemente como por ejemplo Longobardi con Pagni, Viviana Canosa o Guadalupe Vázquez?
El insólito argumento del que se valen podría ser la ampliación del Swap con China (justamente en esa cifra), un hecho económico institucional entre dos países, que con marcada saña, los operadores periodísticos buscan alinear con la campaña, como si existiera una relación directa entre ese préstamo y los ‘fines electorales’ del Ministro de Economía y candidato Sergio Massa.
Por supuesto que los mismos periodistas militantes nada señalaron en su momento (ni tampoco recuerdan ahora), que tanto Mauricio Macri como ex integrantes del staff del FMI, reconocieron que el préstamo de la institución crediticia internacional al ex presidente por 54 mil millones de dólares fue para ayudarlo a ganar las elecciones de 2019, las que igualmente a la postre perdió. Ya con ese solo dato, en aquel caso corroborado por los dichos de los propios protagonistas, la aseveración de Marcelo Longobardi sobre “la campaña más cara de la historia de occidente” quedaría como una tontería (inclusive si se diera por cierta), porque sería un monto 7 veces menor al recibido por Macri en 2018.
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