La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) celebra sus 120 años y el aniversario invita a pensar no solo en su historia, sino también en su futuro. Así lo planteó su presidente, Martín López Armengol, en una entrevista en Alguien me dijo, el ciclo de INFOCIELO Play. “La universidad mantiene la sensibilidad para captar las demandas sociales, aquello que la sociedad le reclama a la universidad”, aseguró. Esa capacidad de adaptación aparece como la gran incógnita de cara a los próximos 120 años.
Armengol recordó que la UNLP nació de una idea innovadora de Joaquín V. González: “Pensó una universidad distinta, no solo de crear profesionales, sino también de crear ciudadanos”. Ese legado, reforzado con la Reforma Universitaria de 1918, todavía marca el pulso institucional. “La universidad es vehículo no solo para el desarrollo profesional, sino también para aprender ciudadanía y un montón de cosas”, subrayó el actual presidente.
Pero, ¿cómo será la universidad de acá a más de un siglo? El dirigente puso el foco en el desafío académico y laboral que implica un mundo en constante transformación. “Si no tenemos buena lectura del contexto, corremos el riesgo de formar profesionales para una tarea que hoy ya no se requiere”, advirtió. En ese sentido, destacó la creación de nuevas carreras como Ciencia de Datos o la conversión de Ingeniería Aeronáutica en Ingeniería Aeroespacial, cambios que buscan anticiparse a los oficios del futuro. “Nos sorprendió la cantidad de chicos y chicas que eligen esas carreras”, reveló.
El futuro de la universidad también se juega en el plano social. Para Armengol, la legitimidad de la UNLP dependerá de su vínculo con la comunidad: “La mejor manera de sostener la legitimidad de la universidad pública es que la sociedad piense y valore a la universidad”. En tiempos de discursos críticos hacia la educación superior, su mirada es clara: “Se ha demonizado mucho a la universidad, por eso tenemos que mantener la legitimación social”.
La experiencia de la pandemia, en tanto, abrió nuevas puertas que también formarán parte del mañana universitario. “La pandemia dejó la masificación de la comunicación virtual; hoy lo virtual también es presencial”, explicó. Para Armengol, el aula del futuro será necesariamente híbrida: presencial, pero apoyada en herramientas digitales que amplíen el alcance y la flexibilidad de la formación.
Sin embargo, el futuro de la UNLP no se define solo por la innovación tecnológica o el compromiso social. La cuestión presupuestaria aparece como condición de posibilidad. “Prefiero un presupuesto aunque no sea un buen presupuesto, porque es una herramienta que te permite planificar”, sostuvo. La preocupación central pasa por el deterioro salarial: “Hoy la parte salarial es la más golpeada; no estamos pidiendo crecimiento real, sino empatarle a la inflación”.
La incógnita, entonces, es doble: ¿cómo sostener una universidad gratuita y de calidad en un contexto económico adverso y, al mismo tiempo, cómo anticiparse a un futuro laboral y social impredecible? Armengol dejó una pista: “Entrás con una idea de la universidad y terminás descubriendo una institución distinta, que siempre se reinventa”. Quizás esa capacidad de reinventarse sea la clave para los próximos 120 años.

