Bajo las aguas del Río de la Plata se esconde un universo dinámico que funciona como un termómetro exacto de la salud ambiental. Un exhaustivo estudio liderado por científicos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) logró descifrar los factores que determinan cuándo y dónde habita cada especie en la Franja Costera sur. Este hallazgo aporta información crucial para entender uno de los ecosistemas de agua dulce más importantes de Sudamérica y anticipar cómo responderá frente al cambio climático y la presión urbana.

El equipo de investigación, encabezado por el Dr. Tomás Maiztegui e integrado por especialistas del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (ILPLA) —dependiente de la UNLP, el CONICET y la cátedra de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo—, llevó a cabo uno de los relevamientos más completos hasta la fecha.
A lo largo de intensas campañas de muestreo en un tramo estratégico de 30 kilómetros, los científicos registraron casi 18.000 ejemplares pertenecientes a 49 especies, consolidando una base de datos sin precedentes en el límite austral de la fauna neotropical, hoy dominada por piezas clave en la red alimentaria como el bagre porteño y la mandufia.

Más allá de confeccionar un inventario, el estudio demostró que la profundidad del agua es la fuerza principal que organiza la vida bajo la superficie. Las zonas más playeras, de aproximadamente un metro y medio de profundidad, funcionan como verdaderas guarderías naturales donde peces pequeños y juveniles encuentran refugio contra los depredadores. En contraste, los sectores de más de tres metros de profundidad se convierten en el territorio de grandes cazadores, como el chafalote y la piraña, durante las estaciones cálidas.
Las condiciones ambientales y las modificaciones urbanas
A esta arquitectura física se suma la temperatura, que actúa como un verdadero interruptor biológico. La estacionalidad térmica modula las migraciones de los peces, provocando que varias especies aparezcan o desaparezcan del área según la época del año. Según advierte Maiztegui, comprender con precisión el impacto de la temperatura resulta clave frente a los escenarios de calentamiento global, ya que cualquier alteración térmica puede modificar drásticamente la distribución y abundancia de la fauna nativa.
El trabajo científico también puso la lupa sobre la huella humana y el impacto de los efluentes cloacales en el río. Si bien las características naturales siguen siendo el factor predominante, las descargas urbanas ya están alterando la composición de las comunidades acuáticas. Cerca de los puntos de vertido se detectó un aumento de especies omnívoras y detritívoras como el sábalo, altamente adaptables a entornos con exceso de materia orgánica, cuyos efectos se dispersan a escala regional por la acción de las mareas.
En un contexto de cambio climático acelerado y modificaciones en los caudales fluviales, la información generada por la UNLP trasciende el ámbito académico para convertirse en una herramienta práctica. Este conocimiento permitirá diseñar mejores estrategias de conservación, proteger la biodiversidad y gestionar basándose en evidencia científica una de las cuencas más vitales del continente.

