En el living de ‘Pampita Online‘, Carlos “La Mona” Jiménez dejó de lado por un momento su faceta de showman cuartetero para abrir una ventana a su pasado más profundo. En un diálogo íntimo con la conductora, el máximo exponente de la música cordobesa recordó los años en que la infraestructura básica era, para su familia, un lujo inimaginable.
Entre su primer año de vida y los seis, su universo estaba definido por la carencia: “Para mí, en mi cabeza, todo el mundo tenía pozos ciegos. Para mí no existía un inodoro, no existían esas cosas. No tenía en mi mente que había familia que tenían esas cosas”.
Riesgos y frío extremo
La vida cotidiana en aquella época estaba marcada por el rigor del clima y la precariedad sanitaria. El baño más que una habitación dentro del hogar, era un destino lejano y peligroso.
“En invierno era duro y para colmo el pozo ciego… había que caminar 30 pasos por lo menos. 30 pasos para llegar ahí”. Ese trayecto se convertía en una fuente de ansiedad familiar, especialmente bajo la advertencia constante de su padre: “Nunca vayan de noche ni tampoco solos, porque se caen el pozo y van a desaparecer”, era la consigna que aprendió en su época infantil La Mona.
La higiene personal también era un acto de resistencia frente a la falta de recursos. Sin sistemas de agua corriente, el ritual consistía en “un fuentón y jabón”.
Sin embargo, la mayor dificultad no era la limpieza en sí, sino el ambiente gélido de una época sin calefacción ni reparo. “Ah, qué frío. En aquellos inviernos había 4 grados bajo cero en esa época”, recordó el cantante, subrayando que “el problema era salir afuera” después del precario baño.
La llegada de Evita
El quiebre en esta historia de privaciones llegó de la mano de una política de Estado que el cantante asocia con la justicia social para los trabajadores.
Tras 25 años de servicio de su padre en la empresa de energía EPEC, la familia accedió a una vivienda propia a través de un programa de viviendas sociales.
“Me van a dar una casa, dijo mi viejo. Evita, evita, un plan social”, relató Jiménez con la naturalidad de quien reconoce una acción política que le cambió el destino para siempre.
La llegada a la nueva vivienda representó el descubrimiento de un mundo hasta entonces oculto para las clases populares. Su padre, consciente del cambio que esto significaba, lo llevó a conocer lo que llamó “la parte más interesante”.
Al abrir la puerta del baño instalado, la sentencia paterna fue definitiva: “Abre la puerta acá para hacer tus necesidades. No vas a nunca más vas a estar en un pozo ciego”.
El milagro del agua
La reacción del niño fue una explosión de alivio ante el fin de la incomodidad física. “¡Ah, qué maravilla! ¡Qué alegría! Nunca más de cuclilla, le dije a mi papá. Nunca más de cuclilla”.
Para Jiménez, ese inodoro representaba el acceso a la dignidad elemental. Pero la revelación final fue la ducha. Ante el desconocimiento del artefacto, su impulso fue total: “¿Qué es lo que es la ducha? abrió el pico, agua y me metió con ropita con el shorcito, así me metió. Ay, qué felicidad”.
A pesar de las advertencias por el calor del agua, el pequeño Carlos permaneció 20 minutos bajo el chorro, en un estado de plenitud. “Era como una cosa totalmente perfecta”, concluyó en la entrevista, reconociendo que hasta ese día “no sabía que existía esas cosas”.
Ese acceso a la vivienda digna, facilitado por el peronismo en un contexto histórico donde solo ese espacio político pensaba en los sectores más postergados, fue el cimiento sobre el cual se construyó la vida de quien hoy es un símbolo indiscutido de la cultura nacional.

