Escribir fácil es difícil y en DataJungla lo sabemos. ¿Lo has intentado? Suele menospreciarse, pero despojarse de adjetivos, plantear oraciones cortas, que fluyan de unas a otras, facilitando la lectura. Dejar que al lector le comiencen a pasar desapercibidas las formas, que no las perciba casi. Que se olvide que está leyendo.
Hay gente que escribe bonito, pero tan bonito, que no podemos despegarnos de la belleza de las formas. Se me viene a la mente una comparación, seguro que impropia: el buen referí de fútbol es el que pasa desapercibido, ¿podemos decir que el buen escritor es el que mientras leemos también pasa desapercibido? (no luego, claro, pero en el instante mismo de la lectura).
Hoy elegimos grandes escritores que se leen fácil. Tres, arbitrariamente: un yanqui, Raymond Chandler; dos argentinos, Rodolfo Walsh y Osvaldo Soriano.
Mientras tipeo descubro el primer factor común: los tres escribían para las mayorías. Con pretensión de masividad, sin elitismos ni snobismo. Para mi eso es un valor, vos tal vez pienses otra cosa, estaría muy bien si es así. Hay gente que disfruta de ser parte de círculos pequeños. No es la idea en dataJungla, contamos lo que nos gusta para difundir, o sea, para romper los pequeños círculos, para contribuir humildemente a la masividad.
Arrancamos con Rodolfo Walsh
De Rodolfo Walsh ya hablamos en otra columna, mentando su gran libro “Operación Masacre”, pero también están sus cuentos. Mención especial para “Esa Mujer”, elegido como el mejor cuento argentino de la historia, que obviamente dedica a Esa mujer (la otra Esa, no la actual Esa). Acá lo leés completo:
Dejo el cuento y regreso a Operación Masacre, leo un párrafo al azar: “los vigilantes no se agachan para comprobar su muerte. Les basta ver ese rostro partido y ensangrentado. Y se van creyendo que le han dado el tiro de gracia”. ¿Ves? va derecho al grano, a contarnos lo que está pasando, sin distracciones. Al hueso. Los fusiladores creen que está muerto, pero no.
Operación Masacre fue publicado por capítulos en un diarito gremial, digo, por lo que venimos hablando de la búsqueda de la masividad. No era un libro, era una denuncia, que todos debían conocer, y se publicó allí, porque no había otro editor que se animara a publicarla.
Osvaldo Soriano, urdidor de historias
Otra constante, quizás derivada de la escritura descarnada, aunque es una hipótesis demasiado aventurada: cuando es fácil la lectura, cuando las formas dejan volar al lector, la historia debe valer por sí misma, ser fuerte, potente. No hay excusas. Osvaldo Soriano va urdiendo historias en las que mezcla realidad, personajes conocidos, historias atractivas. Hasta Philippe Marlowe, el célebre detective de Chandler, se transforma en personaje de Soriano: en “Triste, solitario y final” Stan Laurel (el gordo, de El Gordo y el Flaco) contrata a Marlowe para averiguar qué pasa que no le ofrecen más trabajo. Estás viejo Stan, descartado, no gastes en detectives!!!.
Soriano escribió novelas, libros de cuentos, artículos periodísticos, siempre abordando temas y personajes muy populares, o situados en momentos específicos de la vida del país. En “No habrá más penas ni olvidos”, título tomado de otro género popular: el tango, cuenta la historia de una sangrienta interna peronista en Colonia Vela, un pequeño pueblo. “¿Qué era eso de que Perón bautizara como peronistas a quienes no lo eran y echara a peronistas que sí lo eran? Todo esto, que tiene explicaciones políticas, a mí me parecía poéticamente siniestro”, dice Soriano, que buscó la respuesta en su segunda novela.
Un tercer punto en común entre éstos tres narradores: sus temas son populares, enraizados con la vida cotidiana de las mayorías. Boxeo, fútbol, la militancia popular, los artistas, el crimen cotidiano…
Raymond Chandler, la tercera pata
Marlowe, el detective de Chandler, vive en los márgenes de la sociedad. Un duro. “Soy un investigador privado con licencia -se autodefine- y llevo algún tiempo en este trabajo. Tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy un jovencito y carezco de dinero. He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado”. Chandler, autor de “El largo adiós”, su novela más conocida, fue uno de los mejores exponentes del policial negro, que muestra la decadencia y degradación de la sociedad.
Marlowe investiga en la calle, comparte los códigos de los delincuentes, con métodos poco convencionales, en medio de la oscuridad de un mundo que no es para todos. No es un detective al estilo Sherlock Holmes, que descubre los crímenes a partir del análisis racional. Marlowe se mete en el barro, como los personajes de las novelas de Soriano (él mismo uno de ellos) o los de los cuentos de Walsh.
Digresión: recordé de pronto a “Boogie, el aceitoso”, de Fontanarrosa. Si no lo conocen, vayan a buscar a Boogie; si lo conocen, es bueno re-visitarlo. Si nos mandás un mensaje privado, te pasamos material de Boogie o si no, en la red está, como todo.
Más allá de sus diferencias de estilo, estos tres autores se leen fácil, sus historias son potentes y sus temas provienen de nuestro entorno. Son grandes escritores, que realizaron importantes aportes a la cultura popular. Así que la invitación de dataJungla de hoy es asomarse, o re-visitar, a Raymond Chandler, Osvaldo Soriano y Rodolfo Walsh, en todos sus formatos: cuentos, novelas, artículos periodísticos… con cualquiera de sus obras pasarán un buen momento.
Posdata: te dejamos los nombres de tres libros no mencionados en la columna de cada uno de los autores recomendados:
- Raymond Chandler: Playback, Adiós Muñeca y El sueño eterno.
- Osvaldo Soriano: Cuarteles de invierno, A sus plantas rendido un león y Cuentos de los años felices.
- Rodolfo Walsh: Quién mató a Rosendo, Variaciones en rojo y El violento oficio de escribir.

