Un abogado especializado en defensa del consumidor publicó en Twitter una captura de pantalla y escribió apenas cinco palabras: “No entiendo, tengo que pagar yo???”. Lo que había recibido era un mensaje de WhatsApp con una propuesta comercial: abonar dos millones de pesos por mes para que su nombre sonara en Radio La Red AM 910, en el horario de Paulo Vilouta, o en Pop Radio 101.5, con Luis Piñeyro. Más de veinte menciones mensuales. Hora pico garantizada.
El tuit llegó a 118 mil visualizaciones. Algo tocó un nervio.
Lo que el oyente cree que escucha
Cuando un conductor de radio recomienda a un profesional (sea un abogado, un médico, un asesor financiero) con ese tono cálido de quien habla de un conocido de confianza, la mayoría de la gente supone que hay una relación genuina detrás. Que el conductor lo conoce, que lo consultó, que da fe de su trabajo. Esa percepción es exactamente lo que se compra.
La propuesta que recibió el abogado, y que expuso en redes sociales, no era para pautar una tanda publicitaria convencional. Era para “existir dentro del programa”, como si fuera parte del contenido.
Una mención en “hora pico”, entre las siete y las ocho de la mañana, suena como una recomendación espontánea del conductor, más que como un aviso publicitario. El oyente que va manejando camino al trabajo no tiene manera de distinguir que eso lleva “guita” detrás.

Menciones, acciones y la voz del experto
El menú es más amplio de lo que parece. Las “menciones” son solo la entrada. En la escala siguiente está lo que en la jerga del medio llaman “acciones”, es decir que el profesional es convocado al aire como fuente, como comentarista, como voz autorizada sobre un tema de actualidad.
El conductor le pregunta, él responde, y la audiencia recibe eso como si fuera real periodismo. Como información. La diferencia con una entrevista real es invisible para quien escucha, pero existe…y tiene precio.
Así, alguien puede convertirse en “el abogado que siempre explica bien las cosas” o “el médico que viene todos los martes” sin que nadie en el estudio haya verificado sus credenciales más allá de su disposición a pagar la tarifa mensual, en este caso de “2 palitos”.

Importa que un “abogado del consumidor” lo cuente
Que sea precisamente un defensor del consumidor quien publicó el chat no es un detalle que pase desapercibido. Su reacción (la incomodidad, la pregunta retórica, la decisión de hacerlo público) funcionó como una clase exprés de alfabetización mediática para al menos las 118 mil personas que lo leyeron en redes y probablemente nunca habían pensado en esto. (Esperemos que este artículo permita aun a más personas desasnarse de esta práctica poco ética).
Porque tiene que quedar claro que esta modalidad NO ES PAUTA, no es transparente, no debe ser normalizada por los amantes del libre mercado. Esto es otra cosa. Engaña al receptor, nadie aclara que es “publinota” o “publimención”.
“La información es poder” en el sentido más concreto, o sea, saber que la “recomendación” que escuchaste esta mañana pudo costar dos millones de pesos te da herramientas para escuchar diferente. Sirve para preguntarte (la próxima vez que un conductor hable maravillas de alguien) qué hay exactamente detrás de ese entusiasmo.
El escepticismo no tiene nada de cinismo; es más bien una defensa legítima para un sistema que opera en las sombras y vive de que nadie pregunte.
Un antecedente que ya reveló esta práctica hace 23 años
En 2003, el programa de investigación Punto Doc (América TV, con Daniel Tognetti y Miriam Lewin) usó cámara oculta para revelar que un productor del ciclo del Doctor Mario Socolinsky aceptó $1.000 para que el conductor entrevistara a una supuesta médica gastroenteróloga que, en realidad, era una productora periodística del mismo Punto Doc, infiltrada como profesional invitada.
La falsa especialista fue al programa dos veces, dio consejos médicos ante las cámaras y cobró por su participación, mientras que Socolinsky se limitó a escucharla sin verificar ninguna credencial.
La investigación dejó al desnudo tanto la falta de rigurosidad en torno a la idoneidad de los invitados como el cobro de honorarios que habrían debido abonar algunos de los entrevistados para sentarse en el set.
Canal 7 le rescindió el contrato a Socolinsky al salir a la luz el informe; él demandó a los periodistas, la productora y el canal, pero la Corte Suprema terminó rechazando la demanda. Las consecuencias del escándalo lo hundieron en una fuerte depresión, le agudizaron patologías preexistentes y lo condujeron a la muerte en 2007.
La normativa que nadie cumple
La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual obliga a identificar la publicidad como tal.
En la práctica, esa obligación se viola todos los días, en casi todas las radios, y nadie lo controla. El negocio funciona porque la opacidad es parte del producto.
Lo que hizo el abogado, en definitiva, fue abrir la caja. Adentro no había nada sorprendente para quienes trabajamos en medios. La sorpresa es para todos los demás: lo que Gieco algún día denominó “la pobre inocencia de la gente“.

