La comunicadora y creadora de contenido Daniela Aza, nacida con Artrogriposis Múltiple Congénita, habló en Palabras más, palabras menos, por LA CIELO, sobre el momento crítico que atraviesan las personas con discapacidad. Entre recortes, prejuicios y debates postergados, dejó una advertencia:
Aza recordó su infancia marcada por diagnósticos cerrados y expectativas mínimas. “Lo primero que le dijeron a mis papás fue: háganse la idea de que esta nena no va a caminar, que no va a poder tener una vida autónoma”, contó. A partir de ahí, su familia enfrentó una cadena de cirugías, tratamientos y rechazo escolar: “Cuando mis padres quisieron escolarizarme era un no, no puede estar en esta escuela. No puede hacer nada. No puede estar en la clase de gimnasia”.
Esa experiencia moldeó la forma en que piensa la inclusión. “Las personas con discapacidad históricamente vivimos los ‘no’ de la sociedad”, dijo. Y agregó que los prejuicios siguen siendo una barrera más pesada que las físicas: “Nos sobran los prejuicios y nos faltan las ganas de la gente para colaborar”.
Además, remarcó que buena parte de las críticas que recibe hoy, incluso por haber elegido ser madre, tienen el mismo origen: “La gente prefiere quedarse en la crítica antes que tender una mano”.
Un año triste: más visibilidad, menos Estado
Aza definió al 2024 como “un año complicado, duro”, marcado por la ausencia estatal y el ajuste. “Por primera vez vimos que la sociedad hablaba de discapacidad. Y es algo que siempre quisimos. Pero lamentablemente se habla por esta situación: por los recortes y la ausencia del Estado”, sostuvo.
También cuestionó la perspectiva con la que se gobierna el tema: “El Estado sigue mirando la discapacidad desde el modelo de la falla: la persona con discapacidad como carga”. Según planteó, ese enfoque “nos atrasa a todos” porque legitima que otros actores también reproduzcan esa mirada.
Fue tajante sobre el impacto de los recortes: “Es muy triste que la discapacidad sea una variable de ajuste. Salud y educación no deberían tocarse”. Y agregó un punto que atraviesa su mensaje: “Cuando es el mismo Estado el que te da la espalda, ¿qué queda para lo demás?”.
El debate por los certificados y la frontera entre control y recorte
Durante la entrevista también habló del manejo de los Certificados Únicos de Discapacidad (CUD). Aza reconoció que “hacía falta un control”, pero diferenció con claridad: “Una cosa es controlar y otra cosa es recortar lo que no debe recortarse”.
Criticó además que mientras se acusaba a personas con discapacidad de “abusar” del sistema, surgían escándalos estatales en paralelo. “Molesta cuando se mezclan las cosas”, dijo. “Había que ordenar, sí, pero no recortar tratamientos ni apoyos”.
El riesgo concreto: perder tratamientos es perder autonomía
Uno de los tramos más duros fue cuando explicó qué significa, en la práctica, un recorte de terapias. “Yo atravesé muchos tratamientos, para mí fueron fundamentales para lograr autonomía”, sostuvo. Por eso advirtió que los retrasos o suspensiones tienen consecuencias irreversibles: “Para una persona con discapacidad, el momento de tratarse es ahora. No hay un futuro de ‘bueno, en cinco meses vemos’. Es ahora”.
Su diagnóstico es simple y crudo: “Estamos quitándoles a muchas personas con discapacidad la posibilidad de tener un futuro autónomo”.
“Creemos que la discapacidad no nos toca, y nos toca a todos”
Hacia el final, Aza marcó que también falta compromiso social. “Hay mucho desconocimiento y mucha falta de sentido común”, afirmó. Explicó que detrás de cada comentario hiriente, cada mirada prejuiciosa o cada burocracia que no se resuelve, hay un mensaje de fondo: “Creemos que la discapacidad no nos toca, y nos toca a todos”.
Y cerró con una proyección para el año próximo: “En 2026 nos debemos nuevos debates. Y el Estado nos debe dejar de vulnerar nuestros derechos y hacernos parte activa de la sociedad”.

