No toda muerte es dolorosa ni triste. Sobre todo si se trata de matar definitivamente una práctica enraizada hace décadas, y que desde que comenzó a implementarse, por los años 80, venía engañando a millones de usuarios en la Argentina.
Estamos hablando de la famosa y popular denominación inglesa “light” como nomenclatura de determinados productos alimenticios, que llevaba a confusión en los consumidores, pero que recién ahora, con la aplicación de la ley de etiquetado frontal, está siendo erradicada de plano como indica la normativa.
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En redes cada día los usuarios se encargan de mostrar detalles de esta modalidad novedosa, impulsada por la mencionada ley de etiquetado frontal que incluye octógonos con advertencias en los envases de aquellos productos que excedan en azúcares, sodio, edulcorantes o grasas.
Pero allí no acaba la sorpresa de quienes no estaban muy informados acerca de esta legislación que demoró muchos años en aplicarse en Argentina, en relación a otros países de la región.
Uno de los logros colaterales de la aplicación de la regulación con los ya famosos octógonos negros, es el de la eliminación que devino en la muerte definitiva del término “light” para especificar que un producto era “liviano” o “reducido” en algún ingrediente, con relación al producto clásico.
EL FALSO ANZUELO DE ‘COMER SANO’
Es que con la aparición de la moda de estar delgado, más sano, o ‘saludable’, allá por inicios de la década de los ’80, las empresas vieron como ese “marketing” de lo bajo en calorías, grasas, o simplemente reducido en cualquiera de sus componentes, podía llevar la denominación de “light”. Y fue así como comenzó a abusarse de esa práctica, a sabiendas que la gran masa de individuos creía en ese término como algo “mágico” y buscaba lo “light” para tranquilizar su conciencia de que estaba por ingerir un producto más sano, casi como si light fuera un sinónimo de saludable.
Así llegó a aparecer esa cualidad de “light” hasta en golosinas como alfajores o chocolates, a los que apenas se le reducía algún valor en porcentajes nimios.
Por estos días la sorpresa llegó con un famoso queso untable, de los comúnmente denominados “blancos”, que desde siempre se identificaba con el color verde y la sigla “Light” debajo de su nombre: “Cremón”.
Es que ahora la empresa fabricante, ‘La Serenísima’, debió remover la leyenda light como marca la ley, porque su producto, reducido en algunos ingredientes, no tiene nada liviano, sino por el contrario lleva dos octógonos que lo convierten en lo que siempre fue: un lácteo con exceso de alguno de esas cualidades.
Una usuaria de redes escribió preocupada en Twitter al respecto: “Antes de la ley de etiquetado podía llamarse light a un producto que reducía en un 25% las calorías o algún nutriente crítico en relación con su versión original. La ley actual no permite usar “light” si el producto lleva sello. Eso no quiere decir que antes no fuera light. Será interesante ver cómo el consumidor va a poder distinguir en dos versiones de un mismo producto con sellos, cuál es la más “sana” de las dos, si ya no pueden usar información nutricional complementaria (esto es, claims como “light” o “reducido en”)“.
La pregunta que cabe hacerse entonces es: ¿Será necesario para el consumidor tener la información de cuál de las versiones de un mismo producto tiene un poquito menos de calorías, o ese término era lo que se decía en aquellos años ’80 una “engaña pichanga”?
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