En el corazón de la provincia de Chubut, la paleontología del Conicet acaba de sumar una pieza fundamental a su historia. El hallazgo del Bicharracosaurus dionidei reveló a un nuevo titán de cuello largo, y además celebra el vínculo indisoluble entre los científicos y los pobladores rurales.

Un descubrimiento con nombre propio
La historia comenzó con Dionide Mesa, un poblador rural que recorría su campo a caballo y detectó huesos gigantes asomando en el terreno. Con una generosidad habitual en la zona, avisó a los investigadores del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) con una frase que hoy es leyenda científica: “¡Encontré un bicharraco!”.
José Luis Carballido, investigador del CONICET y coautor del estudio, recuerda con afecto al descubridor: “Dionide vive solo y se mueve a caballo por el campo. A veces hablaba de una ‘paleta’, y era una escápula; otras de un ‘costillar’, y terminábamos encontrando vértebras con costillas asociadas”.

Por eso, el nombre del dinosaurio combina el término coloquial con el nombre de pila de Mesa. “El nombre no solo es un homenaje a él, sino también a todas las personas de campo que colaboran en estos descubrimientos”, agrega Carballido.
Datos duros de un coloso jurásico
El Bicharracosaurus habitó la formación Cañadón Calcáreo hace aproximadamente 155 a 160 millones de años. Los datos científicos obtenidos del holotipo (MPEF-PV 1730) son contundentes:
- Dimensiones: Un adulto de entre 15 y 20 metros de largo.
- Peso: Se estima que alcanzaba las 20 toneladas.
- Anatomía única: Su rasgo más distintivo son las espinas neurales (proyecciones óseas sobre las vértebras), que a diferencia de otros saurópodos, son más largas que anchas, estando comprimidas de adelante hacia atrás.
- Restos preservados: El equipo logró recuperar siete vértebras cervicales, diez dorsales, cinco sacras (fusionadas en un bloque) y nueve caudales, además de costillas y fragmentos de la cadera.
Un hito en la evolución
Desde el punto de vista evolutivo, este hallazgo es disruptivo. La investigadora principal, Alexandra Reutter, afirma: “Nuestro análisis indica que Bicharracosaurus es el primer braquiosáurido del Jurásico conocido en Sudamérica”.
Hasta ahora, este grupo de dinosaurios (que incluye al famoso Brachiosaurus) se creía concentrado principalmente en el hemisferio norte y África durante esa época.
El paleontólogo Diego Pol subraya la importancia de este eslabón: “Esta es una pieza más del rompecabezas que estamos tratando de armar en esta etapa intermedia en la evolución de los dinosaurios”.
El esqueleto del Bicharracosaurus presenta una mezcla fascinante de rasgos: algunos similares al Giraffatitan africano y otros que recuerdan al Diplodocus norteamericano.
Este “bicharraco” patagónico, hoy custodiado en las colecciones del MEF en Trelew, confirma que la Patagonia fue un centro clave de diversificación para los dinosaurios más grandes que alguna vez caminaron sobre la Tierra.

