Sentada frente al micrófono de INFOCIELO PLAY, Nancy Maldonado recorre un pasado que suma ya casi 16 años de lucha ininterrumpida. Su historia no comenzó en una oficina, sino en un semáforo de la ciudad de La Plata, en el cruce de las calles 11 y 49, allá por el año 2010.
“Paro en un semáforo, me vienen a limpiar el parabrisa, una mujer. Bajo el vidrio y le pregunté, ‘¿por qué estás haciendo esto?'”, relata Nancy, reconstruyendo el momento exacto en que su vida cambió. La respuesta de aquella mujer, que dormía por turnos con una compañera sobre bolsas de nylon para poder comer, fue el detonante, “con eso comemos pero no tenemos para pagarnos una habitación”.
Una historia ligada a la solidaridad
Maldonado no era una improvisada en la asistencia social, aunque su perfil previo era muy distinto. “Hace 25 años, con un querido amigo de todos los platenses, Jorge Vázquez, íbamos a los hogares; él cantaba tangos y yo repartía caramelos a los abuelos”, recuerda con nostalgia sobre sus primeros pasos en la solidaridad. Sin embargo, la crudeza de la gente viviendo en la calle la obligó a “poner el cuerpo” de otra manera.
La chispa inicial se convirtió en un operativo familiar y nocturno. “Llego a mi casa, hablo con mi mamá, con mi papá, con mi hermano y salimos esa noche”, explica. El primer rescatado fue Alfonso, un hombre de 59 años que encontraron herido en diagonal 73 y 56. “Lo cargamos en el auto, lo llevaron, lo curaron y ahí empezó todo”. Lo que comenzó como una asistencia itinerante de comida y ropa pronto demandó una estructura, “dijimos, ‘no podemos hacer esto, tenemos que establecer un lugar’. Necesitábamos hacer algo serio, una institución”. Así, con la ayuda inicial de Raúl Pérez para alquilar la primera propiedad, nació formalmente Sumando Voluntades.
Sumando voluntades
Desde entonces, el trabajo de Nancy ha sido una montaña rusa emocional entre la recuperación y la recaída. La fundadora es crítica de las políticas actuales que buscan ocultar la pobreza, “hay una patrulla tratando de llevarse a alguien, es casi como que quieren limpiar la imagen de lo que se ve y no ayudarlos. Es una pena que eso pase”. En contraste, su metodología se basa en el vínculo, “lo primero que hacemos es buscar la relación con los familiares, que no te juzguen”.
Uno de los capítulos más intensos de su crónica personal es la historia de Nicolás Freile, a quien rescataron del Hospital San Martín con graves problemas de adicción. Nancy confiesa que la relación no fue fácil, “yo me enojaba mucho porque decía: ‘Le doy todo y él no pone el 50 por ciento que hay que poner'”. Pero la perseverancia dio frutos de película. Nicolás conoció a una mujer mexicana por internet y, tras meses de acompañamiento para que él “empezara a portarse bien” y tramitara su documentación, ella vino a buscarlo. “Vino la mexicana a buscarlo y está en México con un trabajo, con una hija, valió la pena el enojo, valió la pena”, concluye Nancy con una sonrisa que justifica casi dos décadas de entrega

