Ian Gottlieb Godoy Garraza, un joven platense de 21 años que rompe todos los moldes, se ha convertido en una de las voces más potentes de su generación tras ser elegido en 2023 como uno de los 50 mejores estudiantes del planeta. Egresado del Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP, ex estudiante de Ingeniería y actual alumno de Relaciones Internacionales, Ian combina la sensibilidad artística con la pasión por el espacio, demostrando que la interdisciplinaridad es la llave del futuro.
En una entrevista cargada de definiciones políticas y sociales en ¿Qué Paso? de la FM Cielo 103.5, el joven reflexionó sobre la importancia de la educación pública y el reciente éxito del satélite argentino que llegó a la Luna.
Impacto en la comunidad
A diferencia de las viejas etiquetas, Ian lleva su distinción como una medalla de compromiso social. Para acceder al Global Student Prize, no solo se evalúa el promedio: “Lo que se evalúa fundamentalmente es la forma en la que se impacta a la comunidad; cómo uno logra ir hacia afuera, convertirse en un ciudadano global que promueve un desarrollo social productivo”.
Para él, ser nombrado entre los mejores fue una sorpresa total: “Es una cosa que uno dice ‘Fua, qué loco, uno no se espera'”. Sin embargo, su trayectoria justifica el premio. Desde una clase de biología, logró crear un sistema de energía para otro planeta: “Salimos de una clase de fotosíntesis y terminamos planificando un sistema de generación de energía, una batería que podía operar en el planeta Venus usando bacterias”.
La trampa de la escuela actual: “No se trata de estar sentados 6 horas”
Uno de los puntos más críticos de la charla fue la falta de motivación en las aulas. Ian fue tajante al señalar que el sistema debe modernizarse, pero no solo con tecnología, sino con propósito. “Los pibes hoy no se sienten atraídos por el estar sentados 6 horas escuchando un docente”, disparó, y agregó que la clave es “encontrarle el sentido” al conocimiento.
Para el joven, la verdadera educación es la que trasciende el aula: “La educación no termina en el momento que toca el timbre, sino que se concreta en el momento que yo con mis conocimientos lo aplico a problemáticas que veo en mi sociedad”. En este sentido, defendió la educación pública pero con una exigencia clara: “Más allá del pensar educación pública gratuita, tenemos que pensarla en términos de excelencia que nos permita partir realmente de una base igualitaria”.
Orgullo argentino en el espacio
Ian también puso en valor la capacidad tecnológica nacional, mencionando la Misión Atenea, donde un satélite universitario argentino logró un hito histórico. “La NASA lleva cuatro astronautas a dar la vuelta a la Luna y adentro iban cuatro nanosatélites de todo el mundo; el argentino es el único latinoamericano”.
Con orgullo, relató el éxito de la misión: “De los cuatro, solamente dos funcionaron correctamente, entre ellos el argentino. Logramos alcanzar un récord histórico para nosotros en distancia comunicada de 70.000 km”. Para él, esto demuestra que la ciencia nacional no es algo lejano: “No es conocimiento que se queda allá en el medio del espacio, sino que se queda acá y se desarrolla de esta manera”.
Un plan para la educación: salarios y planificación
Consultado sobre qué haría si tuviera el control del Ministerio de Educación, Ian no dudó en señalar la inversión y la valoración docente como prioridades. “Habría que empezar también por los sueldos, pagarles un poquito mejor”, afirmó, señalando que la labor hoy está “muy desprestigiada”.
Además, cuestionó las condiciones edilicias y la sobrepoblación escolar: “No es normal que un docente tenga más de 40 pibes en un aula. Todo el tiempo solo, sin un equipo con ayudantes”. Para él, el desafío es que los estudiantes “no solamente sientan que están aprendiendo y no repitiendo lo que se les dice, sino que esa enseñanza viene con sentido”.
El consejo final: “No le digas que no a nada”
Hacia el cierre, Ian dejó un mensaje de esperanza y valentía para sus pares, instándolos a involucrarse y no tener miedo a lo desconocido. “Nuestras diferencias no son las que tienen que marcar el camino, sino que tiene que ser la voluntad de generar un cambio que nos permita desarrollarnos como sociedad”.
Su filosofía de vida se resume en una frase que recibió antes de entrar a la universidad y que hoy repite como un mantra: “No le digas que no a nada; en el sentido de no tenerle miedo al intentar cosas nuevas, no llevarse por preconceptos y luchar para que lo que uno está convencido que tiene que ser, sea así”

