En 2018 por trabajo me tocó conocer Vietnam. La moto allí es “Gardel, Lepera y el abuelo guitarrista de Carmen Barbieri, todos juntos“.
Centenares, miles, millones de motocicletas surgen de la tierra cual zombies de “The Walking Dead“.
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El tránsito es tan ‘un caos‘, que no hacen falta ni Sigfried ni “La Garra” para sentirse en medio de un capítulo del “Super Agente 86“.
Aquella vez, por necesidad de transporte, hice ‘de tripas corazón’, y me subí a un Uber moto a pesar de que “Grab” es la empresa digital de traslados más famosa del sudeste asiático. Por supuesto que hace 5 años ya existía la “novedad” argentina actual de los taxi motos.
De este ensayo en el país que venció a Estados Unidos en una guerra hay pruebas en video que aquí les compartiré.
El taxi moto como experimento en Vietnam 2018. Muy diferente al de La Plata
Hoy quise sentirme nuevamente un ‘viajador’, y me dispuse a imitar aquella arriesgada resolución de subirme a esta modalidad reciente en las calles de la ciudad de La Plata.
Nunca imaginé que la experiencia extrema de las avenidas de Ho Chi Minh a bordo de una moto, a casi 70 km por hora, conducida por un chofer random, que no hablaba ni español ni inglés, pudiera parecerme un momento de apacible tranquilidad… como en un parque de Disney a comparación de lo que me estaba por suceder.
Después de vivir la tortuosa experiencia de 20 cuadras por la capital bonaerense, juré no insistir en la económica idea de priorizar 400 pesos menos a cambio de, quizás, no salir vivo.
TODO PARECÍA TAN PENSADO…
Cuando la aplicación de Uber, después de meses de no haberla utilizado, me ofreció la posibilidad de la moto taxi, la sorpresa fue mayúscula, y hasta diría que me hizo “Casi Feliz“.
Nunca imaginé que todo estuviera por cambiar tanto, tan pronto apareciera el bólido.
Las advertencias de la aplicación eran muy pertinentes. Parecían serias. Se veían más “Profesionales” que Doyle y Body en CI5.
¿Pero? Argentina es siempre Argentina, tanto en 1985 como en el 2000 también…y porque no en el 2023.
¿Casco?… Había… Pero sólo 1. Era el conductor o yo. Y como corresponde, el joven venezolano,que parecía salido de División Palermo, me lo ofrendó presuroso.
Las recomendaciones de la app decían “no tomarse del cuerpo del conductor sino de las manijas al costado del asiento“. ¿Ustedes vieron las manijas? Bueno, yo tampoco.
Aplicando el más estricto sentido pragmático me tomé de los costados de la butaca temiendo romperla porque no estaba diseñada para eso.
La pequeña simil “zanelita” a la que llaman ‘moto’ (quizás ‘ciclomotor taxi’ es demasiado largo y suena precario), claramente no está ideada para trasladar a dos personas adultas, y mucho menos si hay una transacción comercial de por medio.
ROJIZA LA VERDE
Pero lo más arriesgado de toda la situación terminó siendo que de 7 semáforos que conté desde el inicio al fin del breve viaje, 6 fueron cruzados en rojo, como corresponde a una buena moto de La Plata, que todos sabemos tienen normas de tránsito diferenciadas a las de otros vehículos. ¿Ah, no?… Mala mía entonces.
Quizás a la primera de estas contravenciones debí decirle al muchacho caribeño que frene, y que yo hasta ahí llegaba.
Pero me pareció descortés con el pobre hermano latinoamericano escapado del régimen opresor que impone las leyes con su criterio chavista. Y además como “a donde fueras, haz lo que vieras“, quizás el conductor de Uber sólo repite lo que las leyes tácitas y los controles policiales inexistentes le dejaron aprender: que las motos no cuentan como vehículos, y el rojo es casi un hermano daltónico del verde.
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