Jorge Peroni
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¿Por qué los brotes masivos en hogares de ancianos alojados en CABA son noticia permanente de alerta en los medios, pero no asoman casos graves similares dentro otro territorio cercano y perteneciente AMBA como es el caso de La Plata? Una de las respuestas puede estar escondida bajo las palabras vertidas desde boca de Isabel, dueña de un comercio con actividad dentro del mismo rubro, quien ofrece sus motivos por los cuales ella cree que esto ocurre.
Sobre la calle 55, entre las arterias transversales 12 y 13, puede leerse la leyenda “Home Sweet Home”. Esa categórica afirmación que luce sobre la marquesina del frente comercial, la que traducida al castellano significa “Hogar dulce Hogar”, parece ser el lema prioritario para la consultada Isabel, dueña de casa y empresaria bajo la actividad dentro el rubro del cuidado responsable para adultos mayores.
Isabel, lejos de las denuncias caídas sobre lomos a propietarios “mercenarios” que escondieron y mintieron sobre síntomas evidenciados, tanto entre las personas alojadas a su cargo como en los trabajadores internos a cada institución, se muestra abierta a la prensa y sin muecas de estar con ganas de andar guardándose nada.
En su hogar, se alojan 11 personas -10 abuelas y un abuelo-. Según sus propias palabras, “mientras tenga salud buena, estaré con mis viejos”. Y es allí en donde puede anclarse la clave del éxito en cuanto al cuidado de las personas de riesgo que se encuentran diariamente a su cargo, desde la confianza delegada por sus familiares y puesta en sus manos para una acción responsable.
“El ánimo está bien. Le damos todo el cariño que le falta de parte de los familiares, le realizamos video llamadas para que mantengan contacto con sus seres queridos y compartimos juegos para que sepan llevar la cuarentena, porque todos saben los motivos por los cuales no vienen a visitarlos los familiares”.
Al ser consultada sobre los tiempos y las formas respecto de la implementación con los protocolos preventivos impuestos, describe: “los primeros días de marzo, antes de que el presidente anuncie la obligatoriedad de la cuarentena, hablé con todos los familiares y juntos decidimos prohibir las visitas, lo que continua respetándose hasta hoy”. A lo que agrega de inmediato: “gracias a dios no existen abuelos con síntomas. Se les toma la fiebre diariamente, se los controla ante la posibilidad de evidencia con algún síntoma y nos ocupamos para que no haya”.
En cuanto a la logística utilizada durante el funcionamiento cotidiano, Isabel es clara cuando explica: “llamamos a especialistas en la materia para que nos recomienden y asesoren sobre la mejor manera de mantener la seguridad e higiene interna, como la limpieza de las mesas, de los instrumentos que se manipulan día a día, o sobre consejos como protocolos de prevención para que los trabajadores respeten”, cosa que luego respetan y hacen respetar a rajatabla.
Según los informes de investigación llevados a cabo a posteriori, conocidos mediáticamente a través de la cobertura de los medios nacionales en los barrios porteños, uno de los grandes motivos iníciales a través del cual puede explicarse el contagio rápido y masivo dentro de algunos geriátricos capitalinos, puede explicarse desde los ingresos, circulación o contacto interno y posterior egreso de los trabajadores contratados para la tarea de cuidado de los adultos mayores alojados en dichas instituciones comerciales privadas.
Tal vez por eso, a Isabel no le tiembla el pulso para supervisar y exigir a sus empleados el cumplimiento de protocolos preventivos establecidos para evitar el ingreso del virus al interior de su hogar: “al momento de ingresar los trabajadores, se les toma la temperatura, se le desinfecta la ropa, deben dejar los calzados en la entrada, la ropa de trabajo se deja acá, se lava a la noche y en el transcurso de sus tareas respetan todas las medidas recomendadas, como el uso de barbijos lentes y guantes, incluso para los abuelos”.
Cuando se le pregunta sobre cuál puede ser el fundamento, desde su criterio y experiencia, para explicar que a solo 50 kilómetros de distancia la situación sea tan diferente dentro un mismo ámbito en el desarrollo de su actividad comercial, la propietaria del hogar concluye: “creo que la diferencia entre lo que pasa en capital con lo que no ocurre acá, es la manera de trabajar que tenemos. Para mí son vidas las que cuido, y soy muy exigente en eso”.
Para graficar lo que dice con un ejemplo específico, enfoca sobre una anécdota particular: “al personal le dije muy claro, si ellos me ocultan algo, aunque sea una línea de frente que se oculte entre el personal, inmediatamente los echo, aunque también este prohibido echarlos”, para enseguida agregar como justificativo a lo que dice que “en épocas en donde no hay personal, me pongo el hogar al hombre, con ayuda de mi hija me haré cargo yo misma de todo”.
Tan importante confiesa ser el sentido de pertenencia dentro de este emprendimiento comercial con claros fines de lucro pero implícitamente vinculado a la salud, que sobre el cierre remarca: “le comuniqué a los familiares que si llega a haber un brote y es necesario que yo tenga que quedarme a cuidarlos, me quedaré con ellos sin dudarlo”.
En Argentina como en el mundo, el ingreso del contagio a geriátricos u hogares de ancianos, o centros de adultos mayores o como quieran llamarse, se han transformado en una de las grandes preocupaciones globales durante estos tiempos de pandemia. La provincia de Buenos Aires, por ahora, estaría en condiciones de considerar este ítem como otro motivo de orgullo a anexar entre los tantos logros alcanzados –según las estadísticas- desde el esfuerzo y responsabilidad individual en pos de un objetivo social colectivo.
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