Las alertas sanitarias volvieron a encenderse en la Argentina. Las hepatitis virales, usualmente consideradas enfermedades “silenciosas”, están ganando terreno en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). De acuerdo con los datos del Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) N° 810, el país no solo enfrenta un incremento sostenido de casos clínicos de hepatitis A, sino también una preocupante circulación comunitaria del virus de la hepatitis E en los residuos cloacales.
Ante este escenario, la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud tomó una medida drástica, volvió a incluir a la hepatitis A dentro de los “eventos priorizados y emergentes”, una categoría reservada para patologías que requieren un seguimiento oficial urgente y especial.

El salto de la Hepatitis A: de 2 a 34 casos en tiempo récord
La evolución de la hepatitis A en los últimos cinco años muestra una curva de crecimiento que preocupa a los infectólogos. Los números oficiales hablan por sí solos, en 2021 se notificaron apenas dos casos en todo el país; para 2025 la cifra trepó de forma alarmante hasta los 53 contagios y durante el primer cuatrimestre de 2026 ya se registraron 34 casos confirmados, un número que anticipa que este año se superará holgadamente el récord del período anterior.
El brote actual se concentra principalmente en tres jurisdicciones, la Ciudad de Buenos Aires -con 12 casos tanto en 2025 como en lo que va de 2026-, la provincia de Buenos Aires y Salta. Según las autoridades, a partir de la Semana Epidemiológica 5 de este año, la cantidad de contagios superó los niveles esperados, saliéndose de la “zona de seguridad”.
El dato clave es la edad de los afectados, el aumento se concentra en personas mayores de 20 años, con mayor incidencia entre los 30 y 39 años. Al haber nacido antes de 2005 —año en que se incorporó la vacuna obligatoria al Calendario Nacional—, este grupo constituye actualmente la principal población susceptible.
El misterio de la Hepatitis E
El informe publicado en el Boletín Epidemiológico Nacional de 2026 arrojó un contraste impactante entre ambos virus entéricos (aquellos que se alojan en el tracto digestivo y se transmiten por vía fecal-oral). Mientras que la hepatitis A mostró una detección discontinua y restringida en el tiempo (con un pico máximo de positividad de apenas el 22 por ciento en la planta de Hurlingham y 0 en El Jagüel), la hepatitis E (HEV) pateó el tablero, fue detectada de forma masiva en absolutamente todas las plantas estudiadas.
Los porcentajes de positividad acumulada de la Hepatitis E son categóricos planta Depuradora El Jagüel presentó un 76 por ciento de positividad. Mientras que, la planta Depuradora Sudoeste un 49 por ciento de positividad (su valor mínimo, aun así elevadísimo).
El misterio radica en que, a nivel clínico, los hospitales del país reportan menos de cinco casos confirmados en personas. ¿Cómo puede ser que el virus esté en el 76 por ciento de las muestras cloacales de una planta pero casi no haya enfermos registrados?. La explicación de las autoridades sanitarias y de expertos es que la hepatitis E es hoy un patógeno emergente y severamente subdiagnosticado. No se incluye de forma sistemática en los paneles de diagnóstico de hepatitis aguda en Argentina y una enorme proporción de los infectados cursa la enfermedad de manera completamente asintomática. Además, su genotipo 3 presenta una particularidad, puede transmitirse de forma zoonótica (de animales a humanos).

Vigilancia ambiental: el método que “lee” las cloacas
¿Cómo rastrear un virus antes de que los pacientes colapsen las guardias? La respuesta está en los desechos. La vigilancia epidemiológica basada en aguas residuales se consolidó tras la pandemia de COVID-19 (donde fue clave para identificar variantes) y hereda el éxito de estrategias previas como el monitoreo del poliovirus.
En marzo de 2021, la Comisión Europea ya recomendaba este enfoque para grandes urbes de más de 150.000 habitantes, dado que la concentración de carga viral en las cloacas no solo refleja, sino que muchas veces precede y predice las tendencias de hospitalizaciones. Al no depender de que una persona tenga síntomas o acceda a un testeo, funciona como un indicador comunitario sumamente sensible y costo-efectivo.
Bajo esta premisa, el INEI-ANLIS “Dr. Carlos G. Malbrán” y Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA) iniciaron en 2021 un trabajo colaborativo. Entre diciembre de 2022 y septiembre de 2025, los científicos recolectaron y procesaron muestras mensuales en cinco plantas depuradoras estratégicas del AMBA: Norte, Hurlingham, Sudoeste (módulos 1 y 2), El Jagüel y Berazategui.
En el laboratorio del Malbrán, las muestras cloacales pasaron por un complejo proceso de precipitación molecular y extracción de ácidos nucleicos para luego ser analizadas mediante avanzadas técnicas de biología molecular (RT-qPCR y RT-nested PCR), incluyendo la secuenciación genética para caracterizar las variantes específicas.
Desafíos y el escudo de la prevención
A pesar del éxito del monitoreo, el informe del Ministerio de Salud reconoce que la estrategia aún enfrenta desafíos metodológicos, principalmente vinculados a la falta de estandarización global de las técnicas de concentración viral y a la representatividad de la población, ya que solo mide el impacto en aquellos sectores que cuentan con acceso efectivo a la red cloacal oficial.
En el plano de la prevención, el escenario para combatir ambos virus es desigual, el hepatitis A tiene una vacuna sumamente eficaz (única dosis al año de vida). Aunque la cobertura nacional en 2024 fue aceptable (82 por ciento), sigue por debajo del 90 por ciento ideal. Ante el brote en adultos, el Ministerio recomienda fuertemente la vacunación en grupos de riesgo, como trabajadores gastronómicos, personal de laboratorio, viajeros y hombres que tienen sexo con hombres.
En tanto, el hepatitis E, aunque existe una vacuna preventiva desarrollada y utilizada en países como China (donde es un grave problema de salud pública), actualmente no se encuentra disponible en la Argentina.
Mientras las hepatitis B y C avanzan por sus propios carriles de transmisión sanguínea y sexual —acumulando 237 y 433 casos en lo que va de 2026 respectivamente—, el mapa de las cloacas porteñas y bonaerenses acaba de revelar un secreto incómodo, los virus entéricos se están moviendo de manera silenciosa pero masiva bajo el suelo del AMBA, recordándole a las autoridades que la salud pública también se vigila desde el subsuelo.

