“Normal”. Alexis Castro, sonrisa medida, calificó así ante ESPN el partido que Estudiantes acababa de ganarle a Gimnasia. Un término lo suficientemente picante como para entrar en la lógica folclórica pero que no fue más allá del límite. Quizás esa respuesta haya sido una forma de demostrar, como en cancha, que ha logrado establecerse, madurar dentro de un equipo que lo cobijó. Y que lo tiene como un punto de referencia en el mediocampo.
A un costado de Ezequiel Piovi, Pucho -de 31 abriles- se convirtió en un referente del fútbol desde la circulación. Por algo en el Clásico Platense, un partido de altísimo piné por el contexto emocional además del deportivo, fue el futbolista que más veces tocó la pelota, el que más la pidió, el top en pases (79), casi todos a los compañeros (71). Tres de ellos, decisivos para romper líneas, que terminaron en un remate inmediato.

Castro lo hizo ante Gimnasia (dos tiros, un gol). Pero viene logrando tener una continuidad dentro de la formación que permite cubrir una baja sensible como la de Mikel Amondarain, quien emigró a Italia. Porque además de lo que genera ofensivamente, Castro también tiene un trabajo silencioso del que no aparece en las estadísticas pero que forma parte también del desempeño.
Porque Pucho es decisivo en los relevos, en la cobertura de espacios. Porque conduce también desde el esfuerzo y la impronta que le imprime a cada una de las entradas (2° en el derbi con más duelos ganados -5 de 10- en el Pincha durante el encuentro ante GELP). Por los retrocesos y los complementos para generar superioridad numérica tanto al presionar como al salir.
“Es un poco por la confianza que me da el cuerpo técnico, mis compañeros. Uno ya va pasando cierta edad aprovecho la confianza de ellos. A pesar de mi edad trato de seguir aprendiendo”, planteó sobre su nivel luego del triunfo contra Gimnasia. Resaltando en esa línea que “José (Sosa) es un ejemplo puertas adentro para todos nosotros, incluso para mí que ya estoy grande soy un ejemplo. Para los chicos ni hablar”.
¿Más? Sí, Castro resaltó que tanto Sosa como “Guido y Nando Muslera bajan una línea de lo que es la historia de Estudiantes y cómo es la forma de respetar este club, algo que los demás supimos entender muy bien”. Él parece haberse consustanciado con el ADN de Estudiantes, un equipo que lo necesita incluso con mayor continuidad. Ahí, acaso, esté su nuevo desafío: hacerse más cargo de los malos momentos, crecer como líder y dejar atrás los altibajos.


