El 1 de mayo de 2002, la vida de Viviam Perrone se detuvo en la Avenida del Libertador, en Vicente López. Su hijo, Kevin Sedano, fue atropellado por Eduardo Sukiassian, quien conducía al doble de la velocidad permitida. Según testigos, el conductor pasó un semáforo en rojo, impactó al joven, frenó a media cuadra y, tras ver la gravedad de la situación, aceleró y se fugó. Kevin luchó por su vida durante una semana, pero falleció el 8 de mayo.
A 24 años de aquel día, Viviam Perrone relató en Palabras más, palabras menos lo difícil que es sobrellevar la fecha: “No es solo transformar el dolor sino que es vivir constantemente con este dolor”. Aquella tragedia dio origen a la Asociación Madres del Dolor, un espacio que nació para asesorar a familias de diferentes hechos violentos que, como ella, se encontraban perdidas en los pasillos de los tribunales.
El “privilegio” de la justicia y la lucha por la reforma
Uno de los puntos más críticos del relato de Perrone en LA CIELO fue la impunidad que rodeó el caso de su hijo. El conductor, que a los dos días del hecho estaba esquiando en Estados Unidos mientras Kevin seguía internado, recibió una condena de tres años de prisión efectiva, pero solo cumplió dos meses. “Le dieron el beneficio de prisión domiciliaria porque él pidió estar en su casa porque estaba estudiando en una universidad muy buena, muy cara”, denunció Viviam, señalando que existe una “justicia para algunos y justicia para otros”.
Esa indignación es la que hoy motoriza un proyecto de ley en el Congreso Nacional que busca elevar el mínimo de las penas para homicidios viales. Perrone explicó que, actualmente, el mínimo es de tres años, lo que habilita que la mayoría de las condenas sean en suspenso. “Lo que pedimos es que el mínimo de la pena sea de 4 años para que sea de cumplimiento efectivo”, detalló, advirtiendo que el proyecto ya tiene media sanción del Senado y debe votarse en Diputados antes de septiembre para no perder estado parlamentario.
El debate por el Alcohol Cero
La entrevista también profundizó en la diferencia de legislaciones entre la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires respecto al consumo de alcohol. Perrone defendió fervientemente la tolerancia cero, argumentando que el límite de 0,5 es arbitrario y difícil de medir para un ciudadano común.
“Nos duele que se piense más en un tema ideológico que en defender la vida”, sentenció respecto a la resistencia de CABA de plegarse al alcohol cero. Para la referente, la norma debe ser clara para evitar especulaciones sobre “cuánto se puede tomar”: “Si vas a conducir, no podés tomar ni una pastillita… por eso hablamos de alcohol cero al volante”.
Al cerrar la charla, Perrone dejó un mensaje para la sociedad que resume su lucha de más de dos décadas: “Uno no está pidiendo que quien nos puso en este lugar sufra lo mismo que nosotros, pero por lo menos algún tipo de consecuencia tiene que tener”.

