La relación entre el pensamiento de la derecha más recalcitrante de los Estados Unidos y el proyecto político de Javier Milei parece haber encontrado un límite inesperado: el misticismo religioso.
Tucker Carlson, quien fuera el principal promotor mediático del mandatario argentino en el exterior, parece haberle “sacado la ficha”, porque manifestó enojado este jueves un “profundo asombro y desconcierto” ante las imágenes de Milei en Jerusalén (grabadas en 2024) donde el presidente se había mostrado más enfocado en profecías bíblicas que en la acuciante crisis económica del país.
De la economía al misticismo
El fragmento, que se viralizó rápidamente, muestra a un Javier Milei emocionado en Jerusalén. En las imágenes, se escucha al presidente referirse a una profecía sobre la destrucción y reconstrucción del “Lugar Santísimo”.
Según Milei, ver cumplida la parte de la profecía que habla de un zorro irrumpiendo en el lugar sagrado le genera “alegría y esperanza” de que la segunda parte (la reconstrucción) también se cumpla. Su traductor refuerza este sentimiento al declarar que el mandatario “ríe y tiembla de alegría” al pensar en la reconstrucción del Tercer Templo.
Este nivel de entrega a una agenda religiosa extranjera dejó atónito a Carlson. El presentador, que conoce a Milei personalmente, no ocultó su confusión: “¿Qué diablos es eso?”, se preguntó ante su audiencia ayer.
Resulta paradójico que el mismo comunicador que sostuvo el discurso libertario de Milei, presentándolo como “la solución a la inflación y la deuda“, sea ahora quien denuncie un nivel de alineación con Israel que roza lo inexplicable para la lógica política tradicional.

Prioridades en duda
Para Carlson, el contraste es total. Señaló que Milei fue “vendido” a los consumidores de noticias estadounidenses como un “economista libertario” enfocado en mejorar la vida de los argentinos.
Sin embargo, verlo en Jerusalén llorando de alegría por el Tercer Templo le resulta contradictorio para el líder de un país “abrumadoramente católico” y con problemas tan complejos. Carlson cuestionó abiertamente por qué un presidente con tantas tareas pendientes en una nación “dañada” como la Argentina se toma el tiempo de volar a Israel para manifestar que su mayor deseo en la vida es una reconstrucción profética.
Esta reacción de Carlson representa un quiebre significativo. Que el máximo exponente de la derecha mediática estadounidense se conmocione por el “cipayismo” pro-Israel de Milei evidencia que el fervor místico del presidente argentino supera incluso los marcos ideológicos de sus aliados más duros.
La repercusión de este fragmento pone de manifiesto que el mundo de la ultra derecha esperaba del libertario argentino un gestor económico, y ya se dieron cuenta que se encontraron con un líder cuya agenda parece estar dictada por visiones bíblicas foráneas, un giro que ni siquiera sus “patrocinadores más fervientes en el Norte” logran digerir.

