Diego Guelar, especialista en geopolítica, embajador argentino en China durante el gobierno de Mauricio Macri y embajador en Estados Unidos durante la presidencia de Eduardo Duhalde, analizó en diálogo con LA CIELO un panorama global que calificó como imprevisible, marcado por el avance de la lógica del más fuerte.
La movilización de una flota estadounidense frente a las costas de Venezuela fue el primer punto que disparó la conversación. Para Guelar, no se trata de un gesto menor: “Es un hecho inédito. Parecería mucho más que una simple amenaza”, advirtió. Según el diplomático, esa demostración de fuerza encaja con el regreso de una visión intervencionista en Washington, donde Donald Trump “no responde a doctrinas históricas de seguridad” y actúa con un nivel de imprevisibilidad que vuelve muy difícil descartar una intervención militar.
Guelar sostuvo que la presión sobre el régimen venezolano busca forzar “un autogol, que los propios cómplices entreguen a Maduro”. Pero si eso no ocurre, reconoció que el riesgo de escalada existe: “No se puede descartar que materialice una invasión”. Y lo que está en juego, remarcó, no es solo el futuro de Venezuela sino la estabilidad de toda la región. “No es un buen dato que un país pueda invadir a otro. Cambia las reglas de juego”, planteó.
El exembajador también vinculó la situación con el tablero global más amplio, especialmente con el rol de Trump en la guerra entre Rusia y Ucrania. “Hay una legitimación de la invasión”, dijo sobre el plan de paz que obliga a Ucrania a ceder territorios. Incluso subrayó que en esa propuesta se entregan zonas que Rusia ni siquiera controla militarmente: “Es realmente una situación muy rara”. Para Guelar, este alineamiento termina instalando un mapa del mundo donde dos potencias definen unilateralmente los límites.
En el mismo sentido, fue crítico respecto al rol de Europa: “La Unión Europea declara su autonomía, pero no tiene condiciones para ejercerla”, afirmó. Ese vacío, sumado a la arbitrariedad que atribuye a la Casa Blanca bajo Trump, configura lo que definió como “un gran caos”, en el que incluso las propias instituciones estadounidenses quedan desbordadas.
La conversación derivó finalmente a la decisión del gobierno argentino de mudar en 2026 la embajada en Israel desde Tel Aviv hacia Jerusalén. Para Guelar, representa un quiebre con décadas de política exterior argentina basadas en el apoyo a la solución de dos Estados. “La inmensa mayoría de los países espera que israelíes y palestinos definan el estatus de Jerusalén en una negociación. Esta decisión rompe con esa tradición”, explicó. Y advirtió que implicará un deterioro del vínculo con la Autoridad Palestina, más allá de la histórica condena argentina a Hamas.
En conjunto, sus definiciones dejaron una lectura preocupante: un escenario internacional donde se erosionan normas, se reeditan lógicas de intervención y se debilitan los mecanismos multilaterales que, durante décadas, funcionaron como contención. Según Guelar, hoy el mundo avanza hacia “una época donde manda la voluntad individual de los líderes más poderosos”.

