Un adolescente logró vulnerar la seguridad de la Residencia Presidencial de Olivos al saltar uno de los muros y caminar por los jardines internos antes de ser detenido. El hecho ocurrió a principios de la semana pasada, aunque las fuentes difieren sobre la fecha exacta, ubicándolo entre el lunes 10 y el martes 11 de junio.
El incidente tuvo lugar cerca del puesto 1 de la Policía Federal, a pocos mebtros de la entrada sobre la calle Villate. Al detectar la presencia del intruso, los efectivos de Casa Militar actuaron de inmediato y lo detuvieron. “Fue un desafío típico de los que se hacen por redes sociales, no era con otras intenciones“, describieron integrantes de la custodia.
El episodio generó preocupación en el equipo de seguridad de Javier Milei, reavivando las tensiones entre las distintas fuerzas encargadas de la protección del Presidente. La Casa Militar, que depende de la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, es responsable de la seguridad interna de la residencia, mientras que la Policía Federal vigila el perímetro. La exigencia de explicaciones a la Federal no cayó bien, evidenciando una vez más los recelos en torno a la distribución de responsabilidades.
Entre muros reales y simbólicos
El hecho se produce en un contexto en el que el propio Presidente admitió que debe “levantar nuevas murallas”. Tras la polémica por la promoción de una criptomoneda en sus redes sociales, investigada por posible estafa, Milei justificó su accionar diciendo que sigue comportándose igual que antes de asumir y que es “muy fácil llegar a él”. Sin embargo, en los últimos meses se han reforzado los controles de seguridad tanto en la Casa Rosada como en Olivos.
Si bien el paralelismo entre ambos episodios surge desde ejemplos muy distintos, ambos refuerzan la idea de que el Presidente no aparenta sentirse bien cuidado ni rodeado de la manera que desearía.
La seguridad de Casa Rosada
Los cambios en la Casa Militar también han sido constantes. A mediados de marzo, Karina Milei designó al coronel Sebastián Ibáñez en reemplazo de Alejandro Guglielmi, quien había llegado al cargo en la gestión de Mauricio Macri y se mantuvo durante el gobierno de Alberto Fernández. La salida de Guglielmi se precipitó tras otro incidente de seguridad en Olivos: Una mujer logró ingresar a la residencia presidencial engañando a un granadero al decir que tenía una audiencia con el mandatario.
Desde la llegada de Ibáñez, la seguridad presidencial implementó medidas más estrictas. En la Casa Rosada se instalaron inhibidores de drones y se incrementaron los controles en los accesos, con detectores de metales en los scanners. Además, la custodia en los traslados del Presidente entre Olivos y la Casa de Gobierno se reforzó con más motos y vehículos, bajo la órbita del Ministerio de Seguridad, dirigido por Patricia Bullrich.
Recientemente, la Casa Militar sufrió otra modificación con la salida de Pablo Suárez, número 2 del área de seguridad, quien fue reemplazado por Ignacio Basave. El equipo de Ibáñez continúa bajo la supervisión de Fernando Tereso. La Casa Militar no solo protege a Milei, sino también a los expresidentes Alberto Fernández, Mauricio Macri y Cristina Kirchner.

