Atrás quedaron las charlas secretas con intendentes oficialistas y la posibilidad de un desembarco de Emilio Monzó a las filas del Frente de Todos. El ex presidente de la Cámara de diputados arrancó el armado propio en la Provincia, insiste en su intención de pelear la gobernación de cara a las elecciones 2023 y se refugia en los intendentes propios de Juntos por el Cambio y en el ala “dialoguista” de la oposición.
A principios de año, antes de que Mauricio Macri cuestionara de forma pública su desempeño como miembro de la “mesa política” de su gestión, Monzó protagonizó un sutil acercamiento con el Gobierno. Sus charlas con el intendente de Hurlingham, Juanchi Zabaleta, tendieron puentes incluso con el presidente Alberto Fernández y había optimismo en Casa Rosada por la posible incorporación del hombre “que se le animó” a Macri.
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Sin embargo, el diálogo se cortó. Si bien mantiene el buen vínculo con referentes fundamentalmente del albertismo y el peronismo no kirchnerista, Monzó regresó a las filas de Juntos por el Cambio, aunque evita a toda costa cualquier asociación exclusiva con el PRO. Horacio Rodríguez Larreta logró limar las asperezas que generaron las críticas públicas por parte del ex presidente y la promesa de una reconstrucción “menos verticalista” –y dependiente de la figura de Macri– terminó de convencerlo.
La apuesta de Monzó es consolidar su posición en territorio bonaerense, a la espera del armado de las listas legislativas –en las que no descarta una candidatura en la Cámara Baja- y con el claro objetivo de desembarcar en la gobernación de cara al 2023. Atrás quedaron las diferencias con María Eugenia Vidal, cuya candidatura en 2015 lo obligó a posponer su expresa ambición personal.
“Emilio nunca se fue del espacio y tiene mucho apoyo interno. Está abocado a convocar y a ampliar la coalición”, reconocen desde la mesa más dialoguista de Juntos por el Cambio. Su objetivo son los “peronistas no alineados con el Gobierno” y tiene banca fuerte: trabaja en tándem con Jorge Macri, Diego Santilli, Rogelio Frigerio, Nicolás Massot y Cristian Ritondo, entre otros.
Desde el radicalismo lo ponderan como uno de sus aliados más fuertes a la hora de expandir la influencia de la Unión Cívica Radial en la reconversión de Juntos por el Cambio y empoderar al principal candidato de la facción: Martín Lousteau. De hecho, el propio Monzó reconoció en sus últimas declaraciones públicas la importancia del crecimiento radical de cara a las próximas elecciones.
En efecto, el ex presidente de la Cámara de diputados comenzó hace dos semanas a levantar el perfil. Con una marcada estrategia dual, buscó fusionar la agenda mediática con selectas entrevistas y desembarco territorial, para pelearle a Néstor Grindetti el diálogo con los intendentes propios. Estuvo en Chacabuco y Rivadavia en el primer tramo de la recorrida hacia el interior bonaerense y se mostró junto a Ritondo, una postal que no pasó inadvertida para las huestes macristas.
Crítico de Macri, Monzó apuesta a la construcción interna de Larreta. Si bien el jefe de Gobierno porteño y el ex presidente alcanzaron en los últimos días una “tregua”, son pocos los propios del PRO que apuestan a que esa reconciliación se extienda en el tiempo. “Emilio fue claro. Socios sí, empleados no. Se siente más cómodo con el liderazgo de Horacio, que además de ser más conciliador hacia el afuera, ofrece más margen de acción interna”.
El crecimiento de Monzó genera también diferencias dentro del PRO. Sin ir más lejos, la propia Elisa Carrió mira con desconfianza el nuevo armado bonaerense y le envió un lapidario mensaje a Monzó que, según su entorno, jamás recibió “porque cambió el número”. Las críticas de la ex legisladora fueron celebradas por el “monzoísmo”, que ve con buenos ojos la crisis interna de un PRO dividido todavía entre “palomas y halcones”.
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