Con la paciencia de un monje budista, Axel Kicillof acumula un capital y un volumen político que empieza a desesperar a sus oponentes. Sólo en el último mes, Máximo Kirchner se vio obligado a admitir que no tiene diferencias programáticas con el Gobernador, dejando expuesto el sinsentido de la interna, y una forzada foto de unidad en La Rioja pasó a los anales de la intrascendencia por la decisión de bajarse de lo que leyó casi como una emboscada.
En el entorno del Gobernador aseguran que el plan de esquivar los golpes no es muestra de debilidad, sino todo lo contrario. Hay en escena sólo dos actores capaces de acaparar la tensión política: el presidente Javier Milei y Kicillof. Nadie por fuera de ese binomio compone más que música incidental.
El año es de construcción, no de lanzamientos. Esta semana, el MDF ordenó a una tropa voluntariosa pero todavía caótica detrás de un plan para consolidar y pulir la estructura territorial, unificando personerías hoy dispersas o incluso antagónicas. Habrá plenarios en las distintas secciones electorales durante lo que queda de agosto y algunos días de septiembre, para terminar con un gran acto antes de octubre.
El axelismo calcula que ya existen unos 300 MDF en la provincia, incluso más de uno por distrito. Bajo el mismo paraguas conviven clanes históricamente distanciados, dirigentes que hasta hace poco jugaban en veredas diferentes y estructuras que todavía necesitan ordenarse. Carlos Bianco funciona como tribunal de última instancia para resolver eventuales controversias.
El armado llegará incluso a distritos gobernados por intendentes peronistas. No necesariamente para enfrentarlos ni para imponer candidaturas propias: la orden es construir una estructura que tenga como referencia a Kicillof y pueda sostenerlo cuando llegue el momento de definir candidaturas. De hecho, el MDF ya tiene cinco nombres anotados para la pelea por la Gobernación: Jorge Ferraresi, Gabriel Katopodis, Fernando Espinoza, Julio Alak y Carlos Bianco.
Hace pocos días, un grupo de intendentes -“La Liga” que capitanea Federico Otermín- que orbitó durante años cerca del kirchnerismo y ahora se presenta como “independiente” fue a verlo con una pretensión concreta: apurar una definición. Kicillof explicó que sus tiempos son otros. Les contó el plan de expansión del MDF y les avisó que habrá estructura propia incluso en sus distritos, pero que eso no implica una interna ni una operación para disputarles el territorio.
En Calle 6 creen que en “La liga” hay por lo menos tres buenos candidatos a gobernador. “Quédense tranquilos, nadie va a hacer cagadas”, fue el mensaje que se llevaron: no habrá zancadillas en el camino hacia la Gobernación.
Las Provincias son campos minados
La misma lógica empieza a desplegarse fuera de Buenos Aires. El peronismo atraviesa en buena parte de las provincias un estado de fragmentación que incluye internas, enfrentamientos y disputas judicializadas. Los adelantados del axelismo deben atravesar ese terreno como quien cruza un campo minado. La coordinación de esa tarea quedó en manos de Andrés Larroque.
La estrategia nacional no consiste todavía en desembarcar con una candidatura, sino en mandar avanzada. Los equipos vinculados al MDF exploran territorio, construyen vínculos sectoriales y tantean dónde puede haber condiciones para una futura expansión. Kicillof irá apareciendo de acuerdo con la información que reciba de esos adelantados.
El secreto de la estrategia está menos en la fortaleza propia que en la ausencia de un rival. Kicillof no necesita derrotar a nadie si ninguno de sus adversarios consigue ponerse a su altura. Responder ataques, sentarse a negociar o entrar en la agenda que le proponen tendría un costo: convertiría en interlocutor a quien todavía no consiguió serlo por sus propios medios.
Ahí aparece la discusión por los acuerdos. El axelismo entiende que un entendimiento con el kirchnerismo o con las distintas tribus del peronismo, en este momento, no sirve demasiado. Hoy, un acuerdo se parece demasiado a un dedazo y puede pagarse por encima de su valor. La entrada de Cristina a escena es, hoy, la única hipótesis que puede poner al MDF a recalcular. Es un escenario lejano y por tanto no frena la maquinaria.
Lo mismo sucede con la Gobernación. Un acuerdo hoy apenas congelaría una fotografía en la que varios dirigentes pueden medir entre 10 y 15 puntos y ninguno tiene suficiente volumen para imponerse por sí mismo. El mejor escenario para el axelismo sigue siendo la existencia de las PASO, incluso si dejan de ser obligatorias: una herramienta para resolver una pelea que, llegado el momento, deberá ser electoral.
El límite de la estrategia aparece, sin embargo, cuando Kicillof imagina un peronismo capaz de competir sin hacerse la guerra. Hay en esa apuesta algo de buena fe y algo de necesidad. La historia del movimiento está plagada de internas que, cuando el poder estuvo en juego, dejaron de ser diferencias políticas para convertirse en guerras de supervivencia. Basta recordar la pelea entre Julián Domínguez y Aníbal Fernández por la candidatura bonaerense de 2015 para entender hasta dónde puede llegar esa lógica.
Por eso las PASO no son para el axelismo solamente un mecanismo para elegir candidatos. Son, sobre todo, una forma de civilizar una interna que hoy parece casi imposible de organizar por los mecanismos partidarios tradicionales.
La Legislatura, el talón de Aquiles
En el plano Legislativo, Kicillof se guarda la iniciativa para satisfacer las necesidades políticas de sus socios, promoviendo decididamente la vuelta de las reelecciones indefinidas de intendentes, una herramienta clave para mantener cierta paz en los territorios. Como ya contó INFOCIELO, ayer mismo hubo movimientos en ese sentido dentro del Senado.
No puede aspirar a mucho más. La debilidad del MDF en el Palacio es la contracara de su fortaleza en los territorios. El Gobierno tiene un margen escasísimo para imponer cualquier agenda. El Frente Renovador de Sergio Massa (¿estará pensando en jugarse una ficha por la Presidencia? en Calle 6 no lo descartan) encuentra mejor interlocución en La Cámpora porque comparten la necesidad de no darle demasiada soga a Kicillof.
La Cámara Alta es la caja de resonancia de la interna. Ahí los roles protagónicos están acaparados por Verónica Magario, por un lado, y Sergio Berni junto a Mario Ishii, del otro. El ex ministro de Seguridad y el exintendente de José C. Paz hacen oposición dentro del oficialismo y sólo les pone algún freno el reglamento de la casa y la muñeca de la Vice.
La instrucción para el resto de la tropa es, como en los otros planos, el silencio y la paciencia ante cada provocación. El potencial y el límite de la estrategia se delimitará con precisión a medida que avance el calendario.

