Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, volvió a hacer de las suyas y lo celebró en Twitter.
Esta vez, anunció con bombos y platillos el Decreto 138/25, con el que, según él, se libera a los artistas de un sistema de opresión que habría sido instaurado en tiempos de la dictadura de Juan Carlos Onganía.
El mensaje de Sturzenegger fue una cátedra de manipulación retórica: quiso hacer creer que hasta hoy los músicos argentinos vivían encadenados a un perverso sistema en el que no podían decidir sobre sus propios ingresos.
La solución libertaria, entonces, es simple: dejar de regular y que cada artista negocie por su cuenta con quien quiera. Como si por ejemplo un músico emergente de Lanús tuviera las mismas herramientas para discutir su pago con Spotify que Taylor Swift con Universal Music,
LA IMAGEN FALSA QUE DESATÓ INDIGNACIÓN
Pero si algo coronó la ridiculez del anuncio fue la imagen que Sturzenegger eligió para acompañarlo: una supuesta foto de Onganía rodeado de músicos que, en teoría, lo despedían con tristeza. Un montaje grotesco hecho con inteligencia artificial, tan obvio que hasta un nene de seis años con Paint lo hubiese hecho mejor.
El detalle no pasó desapercibido y generó un enojo inmediato entre artistas y usuarios en redes, que vieron en la maniobra un intento burdo de reescribir la historia con propaganda digital.
Entre los indignados, la humorista Malena Pichot expresó su furia sin filtros: “Qué dice este infeliz que tengo que ir yo a pelearme con el dueño del teatro para cobrar derechos de autor???? Pero qué les pasa a estos hijos de put444444444????????”
Y, a juzgar por la catarata de respuestas, no fue la única que sintió que el gobierno había decidido dinamitar los derechos de los trabajadores del arte.
EL GRAN BENEFICIO… PARA LAS EMPRESAS
Así es la falacia de Sturzenegger: Según él, las sociedades de gestión colectiva como SADAIC, SAGAI y ARGENTORES eran poco menos que una mafia que les robaba a los artistas.
Lo que omite decir es que en casi todos los países del mundo existe un único organismo que gestiona estos derechos,. La razón es justamente porque facilita la recaudación y la protección de los artistas frente a abusos de grandes empresas.
En Argentina, SADAIC existe desde 1936, o sea, varias décadas antes de Onganía. Pero eso no le impidió al ministro hacer el papel de gran liberador, vendiéndonos el cuento de que, a partir de ahora, cada artista será “libre” de negociar sus propios derechos con teatros, radios, plataformas de streaming y productoras.
Claro, libertad total para que un músico independiente le discuta tarifas a una multinacional con oficinas en Londres.
¿QUÉ PODRÍA SALIR MAL? LA REACCIÓN DE LOS ARTISTAS
Las respuestas al tuit de Sturzenegger fueron una paliza:
“Los artistas despreciamos esta medida. Estamos felices de que las sociedades de gestión cobren nuestros derechos, porque es la única forma realista de hacerlo.
“”Reverendo hijo de puta. Están engañando a la gente que no tiene idea de cómo funciona la industria.”
“¿Alguien se imagina a un compositor argentino negociando él solo con una multinacional por sus derechos?”
“En casi todos los países hay una única sociedad de gestión. SADAIC es muy anterior a Onganía, burro.”

Si algo quedó claro, es que la medida no tiene nada que ver con darles más libertad a los artistas, sino con liberar a los empresarios del deber de pagarles de forma justa.
Ahora, cada músico deberá salir a pelear solo, uno por uno, contra el poder concentrado de la industria. “Viva la libertad, carajo”, pero solo para los que ya son millonarios.

