La incógnita acerca de la permanencia de Manuel Adorni en el corazón del poder no parece una simple decisión administrativa. A esta altura ya se transformó en una anomalía política.
En una gestión endeble, en caída libre de imagen, con cuestionamientos de propios y extraños, que además construyó parte de su identidad sobre la idea de “cortar cabezas” ante el menor costo reputacional, el trato diferencial hacia Adorni sobresale como una excepción demasiado visible.
El Gobierno de Javier Milei reaccionó con rapidez en casos anteriores y también contemporáneos. Funcionarios desplazados por contrataciones observadas, errores políticos, beneficios personales inconvenientes o inconsistencias patrimoniales fueron removidos sin contemplaciones.
En Capital Humano, Leandro Massaccesi cayó tras el escándalo por los créditos hipotecarios millonarios del Banco Nación a funcionarios gubernamentales.
En Economía, Carlos Frugoni fue eyectado ayer domingo luego de conocerse públicamente gracias a investigaciones periodísticas de la omisión de siete propiedades y sociedades en Miami.
Antes y después, la regla fue siempre la misma: ruido público, salida inmediata.
La excepción visible
Con Adorni ocurre exactamente lo contrario. Y esa diferencia sugiere su blindaje, que se distingue de todas las actitudes anteriores del oficialismo frente a escándalos internos.
Allí donde otros fueron sacrificados para preservar la imagen presidencial, con él la protección parece total.
¿Por qué? La explicación política más repetida en los pasillos oficiales no remite a su capacidad como Jefe de Gabinete, sino a la información que administra.
Adorni no es un funcionario periférico; estuvo en el meollo del dispositivo comunicacional, en reuniones estratégicas, en la defensa pública de decisiones sensibles y cerca de los principales actores del círculo íntimo presidencial, incluida (e involucrada y mencionada específicamente) Karina Milei.
Adorni conoce el “detrás de escena“, los nombres, los tiempos y los mecanismos de funcionamiento real del poder libertario.
Lo que sabe de $LIBRA
Si existe un expediente que más compromete al Presidente, ese es el caso $LIBRA. Allí Adorni podría transformarse en testigo decisivo por su rol institucional, involucramiento personal y cercanía diaria con el poder.
Quizás podría detallar quién impulsó contactos con empresarios ligados al proyecto, qué reuniones se realizaron en la Casa Rosada, quién autorizó respaldos públicos o privados y qué nivel de conocimiento tenía Milei sobre la operatoria.
También podría revelar si hubo advertencias previas sobre riesgos financieros, si se discutieron beneficios políticos o económicos y si existieron gestiones de Karina Milei u otros integrantes del círculo íntimo para facilitar accesos. En términos políticos, pondría bajo sospecha directa al núcleo presidencial.
Lo que podría contar
Si hablara sin restricciones, la hipótesis es severa porque podría comprometer a más de una persona, más bien a la arquitectura completa del Gobierno. Podría exponer cómo se tomaron decisiones polémicas, qué negociaciones existieron con empresarios, cómo se manejaron nombramientos, financiamiento político, operaciones mediáticas o episodios bajo investigación.
En otras palabras, no caería solo un alfil libertario, “podría caer la residual narrativa moral que sostiene al mileísmo y, con ella, parte de la legitimidad de toda la administración”.
El costo de soltarlo
Ese es el núcleo del misterio. A otros se los echó para mostrar firmeza. A Adorni se lo conserva, aun con desgaste y controversias, como si removerlo resultara más costoso que sostenerlo.
En política, cuando alguien sobrevive a todas las tormentas mientras otros vuelan por mucho menos, rara vez se debe a su fortaleza individual.
Muchas veces se debe al temor que genera lo que podría revelar una vez afuera. Y en la Casa Rosada esa sospecha ya dejó de ser un rumor para convertirse en la pregunta central.

