Tres meses después de la explosión del escándalo por las mentiras expresas que difundió, registró y hasta suscribió ante la Justicia el jefe de Gabinete de ministros de la Nación, Manuel Adorni, quedan muchas certezas y apenas una duda imperiosa, inquietante.
Las certezas: Adorni se enriqueció en el ejercicio de la función pública. Adorni mintió a la opinión pública, a sus colegas del Gabinete, a los legisladores del Congreso y, tal vez, hasta al propio presidente Javier Milei.
A esta altura de la controversia, ya no es tan importante saber cómo lo hizo y exactamente a partir de cuándo. Si ganó u$s 200.000 en la actividad privada y el resto mientras es funcionario. Si “la vio” con las criptomonedas, o de la tumba de su padre extrajo una caja de zapatos repleta de billetes verdes.
Es factible sostener que todas esas ingenuidades, mentiras e intentos de embuste pasan al anecdotario frente al interrogante más urgente que el sistema político quiere dilucidar: la pregunta más incómoda que tendría una respuesta más valiosa en todo el escándalo es: Por qué lo mantienen. Por qué el presidente, o su alter ego, Karina Milei, lo sostienen en su sillón.
¿Qué apremiante y misterioso vínculo permite que un gobierno se derrita ante las escaramuzas de un funcionario que tiene cero antecedente en la función pública, que no registra el más mínimo crédito ante el sistema y que no atesora ningún logro como para transformarse en imprescindible.
¿Cuál es ese férreo sostén que obliga al gobierno libertario a desangrarse ante la ciudadanía -muchos de los que lo votaron incluidos- y no resolver por un alejamiento que de inmediato dejaría de ser noticia, tal vez reemplazada por las “buenas noticias” que al oficialismo le gusta mostrar sobre todo en la macro economía (como baja del riesgo país o reducción microscópica de la inflación o congelamiento del dólar)?
Hay entre las sobremesas del “círculo rojo” y otros conocedores de información privilegiada una hipótesis que ata esas preguntas incómodas con el más escandaloso desfalco que se pudo organizar desde la máxima magistratura del Estado: esa teoría atribuye a Adorni el conocimiento de precisos y preciosos datos sobre la relación del presidente con los responsables de la estafa de la cripto moneda Libra. ¿Y si lo sostiene en el cargo temeroso de que, despechado, pueda decir todo lo que sabe? Y si el mensaje que dio Adorni en la entrevista con Fantino de “voy a hablar mucho”, era para Balcarce 50, y no para los medios/periodistas como algunos decodificaron?
Habría sido el ahora jefe de Gabinete quien acercó a los “financistas”. Eso se conoce. Pero habría en las hendijas de esa relación aportes más precisos sobre el verdadero rol de Milei en esa maniobra “digitofraudulenta”.
Milei sostiene a su ministro. Adorni ahora depende de que no se junten opositores para interpelarlo. O para votar la moción de censura que implica el desplazamiento por vía constitucional del principal funcionario del Estado argentino.
Esa opción sería una salida sin daños colaterales para el presidente. Porque podría preservar el “pacto de silencio” que se especula, es la respuesta a aquellas preguntas que parecen no tener respuesta lógica. Si a Adorni no lo echan Milei y su hermana tal vez no abra la caja de Pandora. “Si decide -por despecho o por extorsión- contar lo que sabe, tal vez podría ser un golpe letal a todo el experimento libertario”, se anima a especular un integrante del Senado que se prepara en estas horas para definir si habilitan o no una sesión donde otra vez la lupa estaría puesta sobre las fechorías de Adorni.

