A 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, la revisión de las portadas de Clarín y La Nación permite observar un patrón editorial de larga duración que se centra en la manipulación de la agenda para proteger intereses corporativos y políticos, desplazando el eje de la verdad histórica por una conveniencia coyuntural de sus empresas periodísticas.
Desde la legitimación del golpe en 1976 hasta la deliberada distracción informativa en este 2026, ambos medios siempre operaron como actores políticos fundamentales más que como simples cronistas de la realidad.
El 24 de marzo de 1976: La consagración de la “Normalidad”
La mañana del miércoles 24 de marzo de 1976, las tapas de los principales diarios nacionales no reflejaban el quiebre democrático como una tragedia, sino como un trámite necesario y ordenado.
Clarín tituló con una frase que quedaría grabada en la historia de la complicidad mediática: “TOTAL NORMALIDAD. LAS FUERZAS ARMADAS EJERCEN EL GOBIERNO”.
El uso de una tipografía impactante para anunciar la “normalidad” enviaba un mensaje indubitable a la población, y era que “el orden” se había restablecido.

En esa misma portada, el diario informaba con frialdad la suspensión de actividades políticas y gremiales, la intervención de la CGT y, en un gesto de distracción que se repetiría décadas después, destacaba en su pie de página un triunfo deportivo: “Argentina derrotó a Polonia”.
Por su parte, La Nación optó por un tono más institucional pero igualmente legitimador. Su titular principal fue “Las Fuerzas Armadas asumen el poder; detúvose a la Presidente”.

El uso de la voz pasiva para referirse al secuestro y traslado de Isabel Perón (“detúvose”) y la aclaración de que se había “rechazado una propuesta tendiente a evitar la ruptura” presentaban al golpe como una consecuencia inevitable de la impericia política, y no como un plan sistemático de terror y reorganización económica.
2026: El arte de la distracción a 50 años del golpe
Medio siglo después, el 24 de marzo de 2026, la estrategia editorial parece haber mutado de la legitimación directa a la invisibilización jerárquica. En una fecha de altísima sensibilidad social, las portadas de ambos diarios coinciden de manera sorprendente en su desvío de atención.

Como bien señalaron distintas críticas en redes sociales, la imagen central de ambas portadas para el 50° aniversario no fue la Plaza de Mayo ni un símbolo de la Memoria, Verdad y Justicia, sino un accidente aéreo en Nueva York con dos víctimas fatales.

Esta elección visual no es aleatoria; desplaza el foco de lo nacional y lo histórico hacia una tragedia extranjera, diluyendo el impacto del aniversario local.
El “framing” de la memoria como conflicto político
Cuando estos diarios deciden abordar el aniversario en sus portadas de 2026, lo hacen bajo un encuadre que busca deslegitimar la conmemoración popular.
Clarín destaca en una nota lateral: “A 50 años del golpe, el kirchnerismo y la izquierda marchan divididos”. Aquí, el hito histórico se reduce a una interna, eliminando el carácter transversal del “Nunca Más”.
La Nación, aunque dedica un espacio a “El día en que todo cambió para siempre”, redefine la concentración en la Plaza de Mayo como el “epicentro de marchas de la oposición”, nada de decir que es una marcha ciudadana independiente.
Al etiquetar la conmemoración como una actividad exclusivamente opositora, el diario intenta vaciar de contenido institucional el reclamo por los derechos humanos.
Una complicidad “necesaria”
La comparación entre 1976 y 2026 demuestra que, para estos medios, la información es una herramienta de poder. Si en 1976 la consigna era transmitir “total normalidad” para facilitar el control social de la Junta Militar, en 2026 la estrategia es la fragmentación y el desplazamiento para ayudar al olvido.
Al resaltar noticias internacionales (muy menores) como tragedias en aeropuertos lejanos o conflictos externos, ambos diarios deciden ocultar el peso de una historia de la que ellos mismos formaron parte, específicamente en la vergüenza de la entrega de Papel Prensa por parte de Videla a sus CEO de aquel momento, uno de los cuales conserva una posición aún mayor que en esos años.
En medio siglo, lo único que ha permanecido inalterable es la voluntad de moldear la realidad según los intereses del de cada época, confirmando que la complicidad editorial es una práctica de ayer, de hoy, y sin dudas de los próximos 50 años.
La realidad, dicha por el propio Grupo Clarín, es que se puede tapar o se puede hacer tapa. La decisión sigue pasando por los mismos de siempre.

